Sagrados Corazones


La espiritualidad en la que fue formado San Marcelino Champagnat promovía la contemplación de un hermoso misterio que, a su vez, nos invita a contemplar nuestra propia humanidad. Los Sagrados Corazones de Jesús y de María laten al ritmo de la voluntad del Padre. Hoy día sabemos que de los primeros sonidos que escucha el ser humano en el vientre materno son los latidos del corazón de su madre, dando el ritmo de la vida y el desarrollo del feto. En cada latido del corazón de María, Jesús conocía los gozos y los retos de la humanidad que estaba siendo ya redimida desde el vientre de nuestra Señora.

Te invitamos a leer, meditar y reflexionar sobre el artículo presentado en esta entrega. Transcribimos íntegramente un escrito de Mariano Varona, de quien podemos afirmar que el ritmo de su corazón es un ritmo marista.


LA UNIDAD JESÚS – MARÍA

Tomado de VARONA, M. (1988) Jesucristo en la Espirutalidad y Escritos de M. J. B. Champagnat. Tesina Universidad Gregoriana: Roma.

Nota: Los números entre paréntesis corresponden al número de carta de Champagnat en la clasificación de Paul Sester.

Este es uno de los temas cristológicos más recurrentes en las cartas de Marcelino, llama la atención la cantidad de veces que asocia estos dos nombres. Entre las principales expresiones con las que se refiere al tema encontramos:

“Estar en las manos de Jesús y María”

Manifiesta su actitud de confianza y abandono. Jesús y María serán su recurso habitual en los momentos de dificultad, incomprensión y desolación. La confianza en su apoyo y protección lo mantendrán sereno en momentos de prueba.

La carta escrita a Mons. de Pins en 1827, cuando la Congregación pasa por momentos difíciles, es una clara muestra de esta actitud:

“Jesús y María: en ellos confío, a pesar de estos tiempos de perversión” “Jesús y María serán siempre el firme apoyo de mi confianza” (6)

Lo mismo en las carta que escribe once años más tarde al Hno. Francisco para notificarle sobre los trámites para obtener la aprobación de la Congregación.

Sigue siendo muy cierto que estamos en las manos de Jesús y María. Récenles mis queridos hermanos, que se cumpla la santa voluntad de Dios y tratemos de no querer, sino lo que Dios quiere”(195)

“sigo teniendo gran confianza en Jesús y María. No dudo que lo conseguiremos, pero desconozco el momento. Lo que importa por encima de todo, es no hacer por nuestra parte sino lo que Dios quiere que hagamos” (197)

Son expresiones que revelan una actitud filial del abandono del pobre que no confía en sus propios medios, sino en la gracia de Dios. A Champagnat sólo le preocupa una cosa: el cumplimiento de la voluntad de Dios. No importa el cómo. Esta actitud es, a la vez, enseñanza para sus hermanos.

Al escribir al Hno. Marie Laurent le anima a sobrellevar sus pruebas confiándose en Jesús y María, su suerte no puede estar en mejor lugar que en el altar y en los brazos de la Madre:

Desde que la recibí no subo nunca al Santo Altar sin encomendarlo a Aquel en quien no se espera en vano, que puede hacernos remontar los mayores obstáculos. No desconfíe nunca de su salvación: está en buenas manos: María; ¿no es María su refugio y su buena Madre? Cuanto mayores son sus necesidades, más interesada está ella en correr a su ayuda”

La salvación no es obra de los hombres ni depende de su esfuerzo. María es Buena Madre que entrega a Cristo. Su función maternal sigue en los cristianos. Las necesidades del hijo mueven la compasión y la ayuda de la Madre.

“Jesús y María, el único tesoro”

En la experiencia de Champagnat, la confianza y el abandono en Jesús y María se fundamentan en la certeza de saber que ellos son la razón de ser de su propia vida y vocación.

Reconocer a Jesús (y María) como el único tesoro y recompensa es calar en el corazón mismo de la Vida Religiosa, en su cristocentrismo: Jesús es el sentido último de la consagración.

En la circular que escribe a los hermanos con motivo de las vacaciones de 1833 les dice:

“Deseo que Jesús y María sean siempre su único tesoro. Si en el camino de la perfección hacen tantos progresos como yo deseo, adelantarán mucho” (29)

Los progresos que realizaran en el camino de la perfección estarían en directa relación con el proceso de desprendimiento que permitirían enriquecerse con Jesús y María. Marcelino experimenta con crudeza la realidad de la cruz y aprende que para conseguir el tesoro es necesario venderlo todo y que para llegar a la intimidad con Jesús y María es necesaria la muerte de sí mismo. Por eso intenta que la virtud de sus hermanos se cimiente en principios evangélicos sólidos.

En 1837 escribe al Hno. Euthyme:

“Tenga ánimo, querido hermano, Jesús y María serán su recompensa; en las tentaciones llámelos en su ayuda, nunca permitirán que sucumba” (102)

Los hermanos percibían en la práctica cotidiana que el Instituto no poseía muchos bienes y propiedades, ni eran ricos en recursos humanos. Sin embargo, percibían también que la confianza y la seguridad eran depositadas en la posesión de Jesús y María. Así lo manifiesta Marcelino a Mons. Pompallier, en 1837:

“María, sí, sólo María es nuestra prosperidad, sin María no somos nada y con María lo tenemos todo, porque María tiene siempre a su adorable hijo o en sus brazos o en su corazón” (194)

 “Con Jesús y María siempre”

 Son varias las cartas que expresan el siguiente deseo: “¡Qué Jesús y María estén siempre con usted!”(24)

En la mentalidad de Champagnat, este deseo es lo mejor que puede ofrecer. Tener a Jesús y a María es tenerlo todo. A través de esta sencilla expresión confidencia a los hermanos el eje principal de su experiencia espiritual: la totalidad y la exclusividad de Dios en la propia vida, mediada por Jesús y María.

En Jesús y María se declara padre de los hermanos:

“les aseguro que seré siempre con sumo gusto su afectísimo padre en Jesús y María” (1)

“Tengo el honor de ser su afectísimo padre en Jesús y María” (14)

Les manifiesta su amor:

Diga muy querido amigo, diga a sus queridos colaboradores cuánto los aprecio, cuanto los amo en Jesús y María” (63)

“En unión con Jesús y María y en dulce desahogo de mi corazón les quiero decir, mis carísimos hermanos, cuánto los amo” (210)

Les entrega la Regla:

“Les ruego reciban esta Regla, que anhelan desde hace tanto tiempo, en los dulces nombres de Jesús y María” (89)

Da gracias por cuanto le sucede:

“He hecho el camino sin haber sufrido, como me temía, los dolores que experimento de ordinario, gracias sean dadas a Jesús y María” (67)

Ellos son su modelo, su refugio, su guía y su apoyo, su fuerza y su todo.

Dos lugares privilegiados: los Sagrados Corazones de Jesús y María

Una variante del tema Jesús María es la referencia a sus Sagrados Corazones. Champagnat vive en un momento de la historia, el Romanticismo, donde los aspectos afectivos de la religiosidad son especialmente considerados, y un período de la Iglesia donde la devoción al Sagrado Corazón de Jesús está en alza. El corazón es el simbolismo a través del cual se manifiesta la persona misma, su alma, su interior, el conjunto de sus sentimientos.

San Juan Eudes (1601- 1680) fue quien primero acuñó la idea de unir los Corazones de Jesús y María. Hablaba de un sólo corazón para dos personas: el Corazón de Jesús y María. Según su doctrina, el corazón de Jesús es el corazón de María: Cristo vive y reina plenamente en ella y María vive de la vida de Jesús. Cristo es el corazón del corazón de su Madre, lo más íntimo de ella y la razón de su vida.

Champagnat, hombre dotado de gran riqueza afectiva y con fuerte sentido práctico, simplifica la expresión y la adapta a la vida sencilla de los hermanos. Para él también ambos corazones deben ir unidos, ya que no entiende a María sino con Jesús en los brazos o en el corazón.

Habitualmente ocupa la fórmula de despedida “los dejo en los Sagrados Corazones de Jesús y de María” dando una connotación de abandono filial, de confianza, de seguridad, de protección y cuidado.

Participa, asimismo, de la intuición eudista de los SSCC como lugar de contemplación.

En dos cartas sugiere esta pasividad contemplativa con una formulación muy sencilla:

“Los dejo a los dos en los Sagrados Corazones de Jesús y de María, ¡ya ve qué buenos lugares!”(19)

“Los dejo a todos en los Sagrados Corazones de Jesús y de María, ¡qué buenos lugares, se está bien!”(49)

Las cartas, a través de esta evocación de los SSCC, ayudan a descubrir líneas fuerza de la espiritualidad de Champagnat: sencillez como actitud filial, abandono en Jesús y María, confianza como actitud básica de relación espiritual.

La fórmula SSCC tiene diferentes matices y variaciones según los destinatarios y los estados afectivos de Marcelino:

“Un abrazo en los Sagrados Corazones de Jesús y María donde los dejo” (24) al Hno. Bartolomé.

“Tengo el honor de ser todo suyo en los Sagrados Corazones de Jesús y de María” (70) al Sr. Douillet.

“A Dios mi querido amigo, ya sabe que los quiero a todos en los Sagrados Corazones” (204) al Hno. Víctor.

“Todo suyo en los Sagrados Corazones de Jesús y María. Tengo el honor de ser su afectísimo servidor” (174) al Hno. Francisco.

Los SSCC son, finalmente, el lugar ideal para entablar el diálogo y llegar a una comunión total. Así se los manifiesta a Mons. Benigne du Trousset d’ Hericourt, obispo de Autun:

“Le ruego, Monseñor, se sirva fijar el momento y el lugar de nuestra entrevista para que podamos arreglarlo todo y que, a partir de ahora, la Sociedad de María y Su Excelencia no tengan más que un solo corazón y un mismo espíritu en los Sagrados Corazones de Jesús y de María” (268).


 

Conchita, ejemplo de vocación laical.

El mundo recibirá un ejemplo de mi poder

Fernando Torre, msps.

En 1899, Concepción Cabrera escribe en su Cuenta de conciencia:

Apenada yo, y profundamente humillada, le decía hoy al Señor:

–Me parece imposible, Jesús mío, que la continuación de las revelaciones a la Beata Margarita[1] crucen por este pobre caño; ¿por qué, dime, no las das a otra persona religiosa, que me parecen las monjitas más a propósito para estas cosas que yo?

–“Tengo mis fines, me contestó, y en todos los estados puedo comunicarme y santificar a las almas”[2].

Al día siguiente ella escribe:

Ayer me quedé corta en dar a entender, o decir claro, lo que el Señor me dijo, por vergüenza; pero he tenido un remordimientillo que no me deja, y allá va. […]

Beata Concepción Cabrera de Armida

Al preguntarle yo aquello de que cómo no le decía estas cosas a una religiosa, que tan santas las había, y que cómo me escogía a mí, tan horrenda que hasta de pensarlo me ponía en mil dudas, me dijo:

–“Tengo mis fines que tú no conoces, y en todos [los] estados puedo comunicarme a las almas; el mundo recibirá un ejemplo de mi poder, y muchas almas se santificarán por este medio”.

Entendí que quiere el Señor, será cuando yo me muera, o no sé, hacer brillar su bondad sobre una pobre casada, o más bien dicho, que se vea en todos los estados su grande poder; no puedo explicarme más, y gran pena me ha costado vencerme[3].

Estas palabras de Concepción revelan su profunda humildad («pobre caño», «tan horrenda»), pero también la poca valoración de su vocación laical («una pobre casada»), en comparación con la vida religiosa: considera que «las monjitas [son] más a propósito» que los laicos para recibir las revelaciones de Dios. Esta mentalidad era común antes del Concilio Vaticano II (1962-1965).

Para corregir el error en que ella se encontraba, Jesucristo le dice: «en todos los estados puedo comunicarme y santificar a las almas». También los laicos pueden recibir gracias especiales de Dios y santificarse, y no solo las personas consagradas o los ministros ordenados.

Además, al escoger a una mujer laica casada para comunicar su mensaje, Jesucristo quiere dar un ejemplo de su poder a una Iglesia clericalista y a un mundo machista. María, la Esclava del Señor había proclamado: «el Poderoso ha hecho obras grandes por mí», «enaltece a los humildes» (Lc 1,49.52).


[1] Santa Margarita María de Alacoque, quien recibió las revelaciones sobre el Sagrado Corazón de Jesús.

[2] CC 12,6-7: 20 nov 1899.

[3] CC 12,8: 21 nov 1899.

Espíritu del EDEPREM

Cada año en todo el mundo marista se llevan a cabo diferentes torneos interescolares cuyo objetivo puede sintetizarse en tres principios: Fraternidad, Convivencia y Salud.

Todo evento deportivo es en sí mismo un plan de competencia, que favorece el forjamiento del carácter de los participantes, un desarrollo de su resiliencia, la promoción de la salud y un profundo sentido de identidad. En el caso de los encuentros deportivos maristas que llevamos a cabo en México, sin contar los eventos regionales, tenemos tres grandes reuniones de familia como lo son la Copa Champagnat, para primarias, Copa Deportiva Marista, para secundarias, Copa Deportiva Marista de Universidades y el siempre esperado Encuentro Deportivo de Preparatorias Maristas (EDEPREM).

El EDEPREM se lleva a cabo desde hace más de 25 años en la ciudad de Guadalajara, siendo sede del mismo el Colegio Cervantes Bachillerato (el “Costa”). En él hacen presencia jóvenes de todos nuestros bachilleratos que se han preparado en sus respectivos colegios durante el ciclo escolar, compitiendo en sus ligas locales y esperando la oportunidad de poder participar de esta gran fiesta de familia.

¿Pero qué mueve el “espíritu del EDEPREM”? ¿Por qué acuden tantos Hermanos, laicos, padres de familia y exalumnos? Muchos tal vez no lo saben, pero hay una comisión del Colegio Cervantes que, con la asesoría de algunos profesores, está liderada por alumnos que cursan el tercer año de bachillerato (semestres 5 y 6). Así que podemos afirmar que el espíritu del EDEPREM subsiste, crece y se desarrolla porque son jóvenes estudiantes quienes llevan sus riendas, con todo el entusiasmo y los errores propios y necesarios de la edad, con todo el ímpetu y la creatividad que le caracteriza a cada generación.

El EDEPREM es un fruto del carisma marista que se encarna en las y los jóvenes que organizan, viven y participan en esta gesta deportiva. Como en toda acción humana hay aciertos y yerros, pero lo más importante son los aprendizajes que cada año tienen los jóvenes, las familias que hospedan, los árbitros, los entrenadores y el Instituto de los Hermanos Maristas, que, si bien a veces se ha visto empañado por el pecado de varios de sus miembros, también es cierto que procura encarnar el carisma heredado de San Marcelino Champagnat y la comunidad de Hermanos fundadores.