Buena Madre


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 IMG_3822¿Quién es la Buena Madre? ¿Por qué es importante esta estatua en la tradición marista de Champagnat? ¿Los demás fundadores maristas también la promovieron?

En la tradición marista heredada de San Marcelino Champagnat encontramos una estatua de la Virgen María que arrulla a Jesús niño, quien duerme confiadamente mientras anola su índice derecho. Los maristas hemos llamado cariñosamente a esta imagen como Nuestra Buena Madre. 

Ante esta estatua San Marcelino resolvió los conflictos que surgieron en el naciente instituto y el venerable Hno. Francisco Rivat (sucesor de Champagnat) le encomendó el Hermitage durante una inundación.

Hoy es uno de los más importantes símbolos del carisma marista: Jesús es el centro de nuestra vida, como lo fue para María.


“Dondequiera que Jesús tenga un altar,

María tiene también el suyo al lado.

Jesús ya tiene una Sociedad; convendría,

pues, que María tenga también la suya”.

Jean Claude Courveille


Nuestra espiritualidad es mariana y apostólica. Vivimos el ejercicio de la presencia amorosa de Dios que sostiene nuestra existencia.

Con María como modelo

Buena MadreComo María de la Anunciación (Lucas 1, 26-38), estamos abiertos a la acción de Dios en nuestras vidas. A pesar de nuestras dudas y miedos, aceptamos  su invitación a  participar en la labor de proclamar la Buena Noticia. En este tiempo de autosuficiencia, hacemos sitio a Dios.​

Como María de la Visitación (Lucas 1, 39-45), salimos de nuestro encuentro con el Señor llenos de fe y esperanza. Vamos al encuentro de los jóvenes allí donde nos necesitan, ofreciéndoles nuestra amistad. En este tiempo de individualismo, ponemos primero a los demás.

Como María del Magnificat (Lucas 1, 46-55), alabamos al Señor por el don de la vida. En este tiempo de ética ambiental, nos ponemos del lado de los pequeños.

Como María de Belén (Lucas 2. 1-20), hacemos que Jesús nazca en el corazón de los demás. Estamos dispuestos a trabajar por ello en los lugares más inhóspitos. En este tiempo de consumismo, nos conformamos con poco.

Firmes en la esperanza

Nuestra esperanza es Jesús glorificado, Dios de la vida y Señor de la Historia. El sale a nuestro encuentro, camina a nuestro lado, enciende la  esperanza en nuestros corazones, y nos ayuda a descubrir la acción de Dios en medio de la confusión y la oscuridad. Reconocemos su presencia en  nuestra relación diaria con los jóvenes, y en los momentos de oración.  Volvemos a escuchar las palabras de aquellos primeros discípulos: “¿Acaso no ardía nuestro corazón dentro de nosotros?”

Fuente: Instituto de los Hermanos Maristas (1998) Misión Educativa Marista. Un proyecto para hoy. Editorial Progreso: México, D.F.


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