Sagrados Corazones


La espiritualidad en la que fue formado San Marcelino Champagnat promovía la contemplación de un hermoso misterio que, a su vez, nos invita a contemplar nuestra propia humanidad. Los Sagrados Corazones de Jesús y de María laten al ritmo de la voluntad del Padre. Hoy día sabemos que de los primeros sonidos que escucha el ser humano en el vientre materno son los latidos del corazón de su madre, dando el ritmo de la vida y el desarrollo del feto. En cada latido del corazón de María, Jesús conocía los gozos y los retos de la humanidad que estaba siendo ya redimida desde el vientre de nuestra Señora.

Te invitamos a leer, meditar y reflexionar sobre el artículo presentado en esta entrega. Transcribimos íntegramente un escrito de Mariano Varona, de quien podemos afirmar que el ritmo de su corazón es un ritmo marista.


LA UNIDAD JESÚS – MARÍA

Tomado de VARONA, M. (1988) Jesucristo en la Espirutalidad y Escritos de M. J. B. Champagnat. Tesina Universidad Gregoriana: Roma.

Nota: Los números entre paréntesis corresponden al número de carta de Champagnat en la clasificación de Paul Sester.

Este es uno de los temas cristológicos más recurrentes en las cartas de Marcelino, llama la atención la cantidad de veces que asocia estos dos nombres. Entre las principales expresiones con las que se refiere al tema encontramos:

“Estar en las manos de Jesús y María”

Manifiesta su actitud de confianza y abandono. Jesús y María serán su recurso habitual en los momentos de dificultad, incomprensión y desolación. La confianza en su apoyo y protección lo mantendrán sereno en momentos de prueba.

La carta escrita a Mons. de Pins en 1827, cuando la Congregación pasa por momentos difíciles, es una clara muestra de esta actitud:

“Jesús y María: en ellos confío, a pesar de estos tiempos de perversión” “Jesús y María serán siempre el firme apoyo de mi confianza” (6)

Lo mismo en las carta que escribe once años más tarde al Hno. Francisco para notificarle sobre los trámites para obtener la aprobación de la Congregación.

Sigue siendo muy cierto que estamos en las manos de Jesús y María. Récenles mis queridos hermanos, que se cumpla la santa voluntad de Dios y tratemos de no querer, sino lo que Dios quiere”(195)

“sigo teniendo gran confianza en Jesús y María. No dudo que lo conseguiremos, pero desconozco el momento. Lo que importa por encima de todo, es no hacer por nuestra parte sino lo que Dios quiere que hagamos” (197)

Son expresiones que revelan una actitud filial del abandono del pobre que no confía en sus propios medios, sino en la gracia de Dios. A Champagnat sólo le preocupa una cosa: el cumplimiento de la voluntad de Dios. No importa el cómo. Esta actitud es, a la vez, enseñanza para sus hermanos.

Al escribir al Hno. Marie Laurent le anima a sobrellevar sus pruebas confiándose en Jesús y María, su suerte no puede estar en mejor lugar que en el altar y en los brazos de la Madre:

Desde que la recibí no subo nunca al Santo Altar sin encomendarlo a Aquel en quien no se espera en vano, que puede hacernos remontar los mayores obstáculos. No desconfíe nunca de su salvación: está en buenas manos: María; ¿no es María su refugio y su buena Madre? Cuanto mayores son sus necesidades, más interesada está ella en correr a su ayuda”

La salvación no es obra de los hombres ni depende de su esfuerzo. María es Buena Madre que entrega a Cristo. Su función maternal sigue en los cristianos. Las necesidades del hijo mueven la compasión y la ayuda de la Madre.

“Jesús y María, el único tesoro”

En la experiencia de Champagnat, la confianza y el abandono en Jesús y María se fundamentan en la certeza de saber que ellos son la razón de ser de su propia vida y vocación.

Reconocer a Jesús (y María) como el único tesoro y recompensa es calar en el corazón mismo de la Vida Religiosa, en su cristocentrismo: Jesús es el sentido último de la consagración.

En la circular que escribe a los hermanos con motivo de las vacaciones de 1833 les dice:

“Deseo que Jesús y María sean siempre su único tesoro. Si en el camino de la perfección hacen tantos progresos como yo deseo, adelantarán mucho” (29)

Los progresos que realizaran en el camino de la perfección estarían en directa relación con el proceso de desprendimiento que permitirían enriquecerse con Jesús y María. Marcelino experimenta con crudeza la realidad de la cruz y aprende que para conseguir el tesoro es necesario venderlo todo y que para llegar a la intimidad con Jesús y María es necesaria la muerte de sí mismo. Por eso intenta que la virtud de sus hermanos se cimiente en principios evangélicos sólidos.

En 1837 escribe al Hno. Euthyme:

“Tenga ánimo, querido hermano, Jesús y María serán su recompensa; en las tentaciones llámelos en su ayuda, nunca permitirán que sucumba” (102)

Los hermanos percibían en la práctica cotidiana que el Instituto no poseía muchos bienes y propiedades, ni eran ricos en recursos humanos. Sin embargo, percibían también que la confianza y la seguridad eran depositadas en la posesión de Jesús y María. Así lo manifiesta Marcelino a Mons. Pompallier, en 1837:

“María, sí, sólo María es nuestra prosperidad, sin María no somos nada y con María lo tenemos todo, porque María tiene siempre a su adorable hijo o en sus brazos o en su corazón” (194)

 “Con Jesús y María siempre”

 Son varias las cartas que expresan el siguiente deseo: “¡Qué Jesús y María estén siempre con usted!”(24)

En la mentalidad de Champagnat, este deseo es lo mejor que puede ofrecer. Tener a Jesús y a María es tenerlo todo. A través de esta sencilla expresión confidencia a los hermanos el eje principal de su experiencia espiritual: la totalidad y la exclusividad de Dios en la propia vida, mediada por Jesús y María.

En Jesús y María se declara padre de los hermanos:

“les aseguro que seré siempre con sumo gusto su afectísimo padre en Jesús y María” (1)

“Tengo el honor de ser su afectísimo padre en Jesús y María” (14)

Les manifiesta su amor:

Diga muy querido amigo, diga a sus queridos colaboradores cuánto los aprecio, cuanto los amo en Jesús y María” (63)

“En unión con Jesús y María y en dulce desahogo de mi corazón les quiero decir, mis carísimos hermanos, cuánto los amo” (210)

Les entrega la Regla:

“Les ruego reciban esta Regla, que anhelan desde hace tanto tiempo, en los dulces nombres de Jesús y María” (89)

Da gracias por cuanto le sucede:

“He hecho el camino sin haber sufrido, como me temía, los dolores que experimento de ordinario, gracias sean dadas a Jesús y María” (67)

Ellos son su modelo, su refugio, su guía y su apoyo, su fuerza y su todo.

Dos lugares privilegiados: los Sagrados Corazones de Jesús y María

Una variante del tema Jesús María es la referencia a sus Sagrados Corazones. Champagnat vive en un momento de la historia, el Romanticismo, donde los aspectos afectivos de la religiosidad son especialmente considerados, y un período de la Iglesia donde la devoción al Sagrado Corazón de Jesús está en alza. El corazón es el simbolismo a través del cual se manifiesta la persona misma, su alma, su interior, el conjunto de sus sentimientos.

San Juan Eudes (1601- 1680) fue quien primero acuñó la idea de unir los Corazones de Jesús y María. Hablaba de un sólo corazón para dos personas: el Corazón de Jesús y María. Según su doctrina, el corazón de Jesús es el corazón de María: Cristo vive y reina plenamente en ella y María vive de la vida de Jesús. Cristo es el corazón del corazón de su Madre, lo más íntimo de ella y la razón de su vida.

Champagnat, hombre dotado de gran riqueza afectiva y con fuerte sentido práctico, simplifica la expresión y la adapta a la vida sencilla de los hermanos. Para él también ambos corazones deben ir unidos, ya que no entiende a María sino con Jesús en los brazos o en el corazón.

Habitualmente ocupa la fórmula de despedida “los dejo en los Sagrados Corazones de Jesús y de María” dando una connotación de abandono filial, de confianza, de seguridad, de protección y cuidado.

Participa, asimismo, de la intuición eudista de los SSCC como lugar de contemplación.

En dos cartas sugiere esta pasividad contemplativa con una formulación muy sencilla:

“Los dejo a los dos en los Sagrados Corazones de Jesús y de María, ¡ya ve qué buenos lugares!”(19)

“Los dejo a todos en los Sagrados Corazones de Jesús y de María, ¡qué buenos lugares, se está bien!”(49)

Las cartas, a través de esta evocación de los SSCC, ayudan a descubrir líneas fuerza de la espiritualidad de Champagnat: sencillez como actitud filial, abandono en Jesús y María, confianza como actitud básica de relación espiritual.

La fórmula SSCC tiene diferentes matices y variaciones según los destinatarios y los estados afectivos de Marcelino:

“Un abrazo en los Sagrados Corazones de Jesús y María donde los dejo” (24) al Hno. Bartolomé.

“Tengo el honor de ser todo suyo en los Sagrados Corazones de Jesús y de María” (70) al Sr. Douillet.

“A Dios mi querido amigo, ya sabe que los quiero a todos en los Sagrados Corazones” (204) al Hno. Víctor.

“Todo suyo en los Sagrados Corazones de Jesús y María. Tengo el honor de ser su afectísimo servidor” (174) al Hno. Francisco.

Los SSCC son, finalmente, el lugar ideal para entablar el diálogo y llegar a una comunión total. Así se los manifiesta a Mons. Benigne du Trousset d’ Hericourt, obispo de Autun:

“Le ruego, Monseñor, se sirva fijar el momento y el lugar de nuestra entrevista para que podamos arreglarlo todo y que, a partir de ahora, la Sociedad de María y Su Excelencia no tengan más que un solo corazón y un mismo espíritu en los Sagrados Corazones de Jesús y de María” (268).


 

Ayuno de los jóvenes

Imagen25Durante la cuaresma se ha impulsado en la Iglesia la práctica de ejercicios de piedad que nos fortalecen interiormente: el ayuno y la penitencia, la limosna y la oración.

En el caso de los dos primeros hay una fuerte orientación hacia el sacrificio fecundo que nos purifica. Cuando hacemos ayuno nos estamos privando del alimento y en la penitencia fortalecemos nuestro carácter. Estas dos prácticas son comunes entre la personas que dejan un bien menor por un bien mayor tal como lo son deportistas, médicos, padres y madres de familia.

La limosna hoy podemos releerla como invitación a la solidaridad. Es dar algo de nosotros por el bien de los demás. La generosidad purifica nuestra persona.

En cuanto a la oración, estamos invitados a meditar los misterios de la pasión, muerte y resurrección del Señor para poder decir con el poeta: “No me mueve mi Dios para quererte el cielo que me tienes prometido…”

A continuación transcribimos el capítulo IV de las Enseñanzas Espirituales de San Marcelino Champagnat. Es un texto donde los primeros Hermanos Maristas reunieron aquellas instrucciones que nuestro fundador les daba para santificarse en la vida diaria. Te invitamos a leerlas, meditarlas y tomar aquello que hoy te ayude a ser un excelente cristiano y mejor ciudadano.


EL AYUNO DE LOS NOVICIOS

En vida del padre Champagnat, el fervor era muy vivo en el noviciado. Todos los hermanos, incluso los más jóvenes, se entregaban a la virtud por conciencia del deber, por amor y santo deseo de imitar a Jesucristo y Ilegar a parecerse a él.

Ocurrió, pues, que un año, con motivo de la cuaresma, a todos los hermanos jóvenes les dio por ayunar durante todo ese tiempo santo, a ejemplo del divino Salvador. El proyecto juvenil de mortificación se fraguó durante un recreo.

    – ¡Ea! se dijeron unos a otros, ya llegó el tiempo cuaresmal, es decir, el del ayuno y la penitencia.

    – Tengo intención de ayunar todos los días, exclamó uno de ellos.

    – Yo también, agregaron varios más.

    – Sí contrapuso uno de éstos, pero dicen que no se deja ayunar a los hermanos jóvenes.

    – ¡Vaya por Dios! ¡Qué lástima!, respondieron todos.

Es verdad replicó con viveza uno de los más jóvenes, que hay que tener veintiún años para poder ayunar sin mayores dificultades, pero si pedimos licencia para ello, se nos va a conceder, ya que no estamos enfermos, antes gozamos todos de muy buena salud.

Convinieron, pues, y determinaron que seis de ellos irían a ver al venerado padre y, en nombre de todos, le pedirían permiso para ayunar.

G-reuniónEl fervor de aquellos hermanitos era tan intenso, su sencillez tan candorosa, que ni les pasó por las mientes la idea de que se les fuera a negar ese favor. Los seis procuradores fueron al aposento del venerado padre. Tímidamente entraron y, tras profunda venia general, el mayor, de dieciséis abriles escasos, habló en nombre de todos y dijo:

Muy reverendo Padre, venimos a pedirle, con humildad y total confianza, que nos autorice a ayunar durante la cuaresma.

    – ¿Toda la cuaresma?

    – Sí, padre, toda la cuaresma.

    – Es muy larga. ¿Sabéis cuántos días de ayuno tiene la cuaresma?

     – Si, padre.

      – ¿Lo deseáis los seis?

    – No sólo nosotros seis, sino todos los demás hermanos jóvenes, en cuyo nombre hemos venido a pedir este favor.

     – Hijos míos, alabo vuestro fervor y vuestro anhelo de penitencia. Para animaros a perseverar en la práctica de esas virtudes, os concedo ayunar durante la cuaresma. Decídselo a los demás que os han comisionado. Ahora bien, sois jóvenes, carecéis de experiencia y necesitáis que se os dirija en todas las cosas. Mañana os explicaré cómo vais a practicar ese largo ayuno de cuarenta días. Entretanto, será mejor que cenéis bien, de modo que el estómago esté mejor preparado para ayunar mucho durante la cuaresma. Id a decir a vuestros compañeros que os otorgo el permiso de ayunar, pero que me reservo el explicaros la manera de llevar a cabo y santificar dicho ayuno.

Los hermanitos dieron efusivamente las gracias al padre, salieron rebosantes de alegría y corrieron a comunicar a los demás que se había atendido su petición y podían prepararse para ayunar durante toda la cuaresma.

Pronto se corrió por la casa que los hermanos noveles se disponían a competir en penitencia y mortificación con los veteranos. Todo el mundo se alegró, especialmente el cocinero, ya que se le aligeraba con ello la tarea y se le ahorraba la preparación del desayuno.

04 Vida (15)Al día siguiente, como lo había prometido y según acostumbraba en la inauguración de la cuaresma, el padre Champagnat dio a toda la casa una plática sobre el modo de santificar el ayuno. Aunque era día consagrado a la penitencia, el venerado padre estaba más alegre de lo que solía: se reflejaban visiblemente en su rostro el contento y la alegría santa.

     – Carísimos hermanos dijo, tengo la satisfacción de comunicaros que todos los miembros de la comunidad están cabalmente dispuestos a santificar la cuaresma. Prueba de ello es que, por feliz contagio, el espíritu de mortificación y penitencia de los hermanos mayores se les ha pegado a los jóvenes, y éstos han venido a pedirme que les deje ayunar toda la cuaresma. Os extrañará, sin duda, que les haya concedido ese favor. No les tengáis envidia. Alegraos, más bien, de que vuestros ejemplos estén dando frutos tan excelentes. Sí, hermanos jóvenes, ayunaréis todos, porque todos necesitáis hacer penitencia para conservar limpia el alma, imitar a Jesucristo y merecer la gloria que os espera. Pero la Iglesia es madre bondadosa, que mira por el cuerpo igual que por el alma de todos sus hijos. Os concede, por la debilidad de vuestros pocos años, que practiquéis un ayuno menos riguroso que el que pide a vuestros hermanos mayores y a todos los fieles que han cumplido veintiún años. Os dispensa de hacer ayunar el estómago y, para otorgaros el mérito y recompensa del ayuno, sólo desea de vosotros estas cuatro menudencias:

1. El ayuno de los ojos, mediante la modestia.

Agrada mucho a Dios ese ayuno y es de mérito muy subido por tres razones:

1a Porque la modestia reprime las pasiones y opone una barrera al pecado. ¿Sabéis lo que significa aquella sentencia de la sagrada Escritura: La muerte ha subido por nuestras ventanas (Jr 9, 21)? Que el pecado, la muerte del alma, entra por los ojos cuando no se procura sujetarlos con la modestia. El santo varón Job, que había rumiado esa máxima, declara: «Hice pacto con mis ojos de no pensar jamás en cosa mala». ¿Por qué dice «no pensar», en vez de «no mirar cosa mala»? Porque el pensamiento va tan íntimamente unido a las miradas, que no puede separarse de ellas. Así pues, la modestia nos preserva del pecado.

2a Porque la modestia engendra el recogimiento, destierra las distracciones, fomenta la piedad y la devoción. Quien desee rezar bien las oraciones, ha de ser muy recatado.

3a Porque la modestia edifica al prójimo, le aficiona a la virtud y le lleva a Dios. La modestia de los religiosos santos inspira punzantes remordimientos a los pecadores y reprime su desenfreno. San Bernardino, por ejemplo, contenía con su modestia a los compañeros licenciosos que, al verle, exclamaban: «Portémonos como Dios manda, que viene Bernardino.» De san Efrén se refiere que no se le podía mirar sin sentir devoción, sin proponerse llegar a ser mejor, debido a lo extraordinario de su modestia y a la virtud que rezumaba. La modestia de san Luciano, mártir, era tan admirable y eficaz, que compelía a los paganos a abrazar la fe cristiana. El tirano Maximiano, conocedor de tal prodigio, citó al santo; mas, por miedo a que le convirtiera su actitud recatada, mandó poner un velo entre ambos.

Hermanos carísimos, observad el recogimiento y la modestia en las miradas, la actitud, los gestos. Conseguid que todos vuestros sentidos ayunen por medio del recato. Santificaréis así debidamente la cuaresma, y sus cuarenta días darán frutos opimos de virtud y de méritos.

2. El ayuno de la lengua, con la práctica del silencio.

05 Vida 2 (19)Dos grandes ventajas proporciona ese ayuno:

1a Conseguir que se evite el pecado. Efectivamente, está escrito: En el mucho hablar no faltará pecado (Pr 10, 19). Y en otro lugar: Quien habla mucho, hará daño a su alma (Eclo 20, 8), y también: La lengua desenfrenada es decir, que no observa el silencio es un mundo entero de maldad (St 3, 6). Por consiguiente, si lográis que ayune la lengua, respondo de que no cometeréis la mitad de las faltas diarias. ¡Cuán provechoso resulta, pues, dicho ayuno para el alma y la conciencia!

2a Pero hay algo más: ese ayuno conserva, nutre y hace crecer todas las virtudes. Por eso ha // dicho el Espíritu Santo: Si alguno no tropieza con palabras, ese tal es varón perfecto (St 3, 2). Quiere decir que tiene todas las virtudes.

Para enterarse de la salud de una persona, basta que le miren la lengua: si la tiene encendidamente roja, o sucia y blanquecina, no goza de buena salud. De igual modo, para conocer en qué estado se halla el alma de un religioso, hay que prestar atención a la lengua: cómo la rige y qué uso hace de ella. Si habla mucho, es casi seguro que tiene el alma plagada de culpas y pecados. Si habla poco, si es recatado y circunspecto en las palabras, estad seguros de que tiene el alma adornada de hermosas virtudes.

El prurito de hablar, el hábito de contar chistes, la afición a la chunga y la disipación son indicios seguros de conciencia vana y torcida, de espíritu superficial, de alma enclenque y vacía de virtudes. Tan convencido de ello estaba santo Tomás, que afirmaba abiertamente: «Si veis a un religioso que gusta de las conversaciones fútiles, de las chanzas y frivolidades del siglo, de ninguna manera penséis que se trata de un hombre espiritual y virtuoso, aunque hiciere milagros».

Lograr que ayune la lengua es, pues, medio excelente de guardarse del pecado, hacer medrar las virtudes, ser gratos a Dios e incluso aprender a hablar debidamente.

3. El ayuno de los defectos y de las pasioncillas.

05 Vida 2 (30)¿Sabéis cómo se hace ayunar a los defectos? Combatiéndolos y no dejándose dominar por ellos. ¿Sentís inclinación, por ejemplo, a mentir de vez en cuando, hablar mal del prójimo, zaherir a los hermanos, llegar tarde a cualquier ejercicio de comunidad, etc.? Si corregís todo eso, si os abstenéis de ello hasta Pascua, habréis conseguido que ayunen los defectos. Someter las pasiones al ayuno es luchar contra las tentaciones y malas tendencias de la naturaleza corrompida; es evitar el pecado y mortificarse para arrancar del corazón todas las malas hierbas que en él haya sembrado el demonio. Supongamos que sentís inclinación a la pereza, al orgullo, envidia, gula, placeres prohibidos, tristeza, etc. Luchad contra todo eso, decid a las pasiones desordenadas: ¡Fuera!, marchaos lejos; no volváis a molestarme hasta Pascua; os declaro lucha a muerte durante toda la cuaresma. Quiero, además, aplicarme singularmente a la práctica de las virtudes contrarias a esas pasiones. De modo que lucharé contra la pereza con mayor fidelidad al reglamento y aplicación al estudio y al trabajo manual. Combatiré el orgullo con el ofrecimiento de los actos a Dios, realizándolos todos por él y no por complacer a los hombres; prestando a los hermanos todos los servicios que pueda, convirtiéndome así en el fámulo de la comunidad. Entraré en lid contra la gula con el arma de la mortificación en las comidas, y contra la sensualidad renunciando a todo lo que no me sea necesario.

Si así lo hacéis, ¡qué ayuno más bueno vais a practicar!, ¡qué cuaresma tan santa vais a pasar! Ese es el medio más seguro de imitar a Jesucristo, participar en sus dolores y aseguraros un tesoro de méritos para la eternidad.

4. No consentir jamás que ayune el alma, no darle nunca pan mohoso.

Se hace ayunar al alma cuando se falta a los ejercicios de piedad: meditación, examen, lectura espiritual, misa, comunión. Se hace ayunar al alma cuando se descuida la práctica de las virtudes y de las buenas obras, cuando uno es infiel a la gracia, cuando se obra por rutina, sin rectitud de intención y, por consiguiente, sin mérito.

Se le da pan mohoso cuando se rezan mal las oraciones, se recitan distraídamente, con desidia y tibieza, sin preparación ni devoción. La oración rezada con descuido y distracciones consentidas, la lectura espiritual hecha sin atención, sin deseo de aprovecharla practicando lo que enseña, son para el alma Io que el pan mohoso para el cuerpo: alimento deteriorado, que altera la salud y la desconcierta, en vez de mantenerla y fortalecerla.

No impongáis, pues, ayuno al alma, no le deis pan mohoso, a saber: no abandonéis uno solo de los ejercicios de piedad; no os contentéis con la asistencia a ellos; llevadlos debidamente a cabo y luchad animosamente contra las distracciones.

Pero ahora tengo que preguntaros: ¿Qué finalidad tiene el ayuno prescrito por la Iglesia? Con toda seguridad, me vais a responder: Hacer penitencia, combatir y domeñar las pasiones con la mortificación del cuerpo y, en último término, imitar a Jesucristo.

Muy bien, estoy conforme con vosotros en que son ésos los motivos principales del ayuno. Pero, ¿no falta nada? Sí, se ayuna y se priva uno de parte del alimento para socorrer a los pobres y distribuirles más abundantes limosnas, dándoles todo aquello de que uno prescinde. Es lo que hacen los buenos cristianos: entregar a los pobres el beneficio íntegro del ayuno.

04 Vida (22)Deseo, carísimos hermanos, que hagáis algo parecido. Ofreced para ello a Dios y con el fin de obtener la conversión de los pecadores y de los infieles, la santificación de los niños de nuestras escuelas y el alivio de las almas del purgatorio todos los actos de virtud que vais a practicar con la modestia, la observancia del silencio y el santo vigor que necesitáis para combatir defectos y pasiones, para orar debidamente y practicar las virtudes de nuestro santo estado. Tal ofrecimiento y entrega serán una obra muy agradable a Dios, utilísima al prójimo y mucho más meritoria para vosotros mismos que el privaros de un zoquete para dárselo a los pobres.

Vamos a ver, hermanos:

¿Estáis conformes con el ayuno que os propongo? ¿Satisface vuestra devoción y amor a la penitencia?

El padre se detuvo aquí un momento, como quien espera una contestación. Los hermanos jóvenes, que le habían escuchado con atención, aunque un poco defraudados en su piadoso anhelo, ligeramente cabizbajos pero sonrientes, parecían decir:

Sí, padre, estamos satisfechos y cumpliremos exactamente lo que acaba de aconsejarnos.

EI venerado padre agregó:

Para que veáis el interés que tengo en animar a cuantos gustan de la penitencia y mortificación, y manifestaros lo edificado y satisfecho que estoy de vuestra docilidad, os autorizo la práctica del ayuno corporal ordinario todos los viernes de cuaresma, en honra de la pasión de nuestro Señor Jesucristo.


 

#BuenosCiudadanos


 

G-Construcción

“Bon citoyen”

Autor: Hno. Aureliano Brambila de la Mora

Fecha: 16 de septiembre de 2002

Fuente: Centro de Estudios del Patrimonio Marista [on line]

La pedagogía marista, aplicación de la espiritualidad marista en la misión educativa, desarrolla y armoniza valores intrínsecos de las cuatro relaciones de la persona: consigo mismo, con los demás, con el cosmos y con Dios.

[A continuación se presentan extractos de cartas de San Marcelino Champagnat donde utiliza el término ciudadano. En la columna izquierda está el original en francés, la traducción al castellano a la derecha.]

(PS 008, 02-07, Lettre à DEVAUX DE PLEYNE ALEXANDRE, MAIRE, 1827-08):   La somme de douze cents francs est déjà bien modique pour faire face aux frasi que demande   l’entretien de nos trois frères dans une commune. La reduire encore, c’est, ce me semble, leur arracher, je ne dis pas, le triste salaire du plus ingrat et du plus pénible emploi d’un citoyen, mais même leur paurvre et dégoutante nourriture.

(PS 008, 02-07, Carta a DEVAUX DE PLEYNE ALEJANDRO, ALCALDE,   1827-08): La cantidad   de 1200 francos es ya bastante módica para hacer frente a los gastos que exige el mantenimiento de tres Hermanos en un municipio. Reducirla más es, me parece, arrancarles, no digo el triste salario del más ingrato y penoso empleo de un ciudadano, sino hasta su pobre y desagradable alimento.
(PS 034B, 80-95, Lettre à LOUIS-PHILIPPE, ROI,

1834-01-28): Je suis donc, Sire, rempli de la douce espérance que cette entreprise, formée dans le seul intérêt de mes concitoyens, sera agréée de Votre Majesté toujours prête à encourager ce qui est utile. Les frères de Marie, ayant reçu devotre royale bonté une existance légale, vous devront une reconnaissance éternelle, et s’uniront á moi pour se dire à jamais. Sire, de Votre Majesté les très humbles, très obéissants, et très fidèles sujets.

(PS 034B, 80-95, Carta a LUIS FELIPE, REY,   1834-01-28):

Estoy, pues, Majestad, lleno de dulce esperanza de que esta empresa formada por el único interés de mis conciudadanos sea del agrado de Su Majestad, siempre dispuesto a animar todo lo que es útil. Los Hermanos de María, habiendo recibido de Su bondad una existencia legal, le deberán un agradecimiento y se unirán a mi para decirle siempre de Su Majestad muy humildes, muy obedientes y muy fieles súbditos.

(PS 040, 07-10, Lettre à ARDAILLON JACQUES,

DÉPUTÉ, 1834-04-14): Je prierois Mr. Ardaillon s’il le croit nécessaire, d’engager Mr. le préfet à se prêter à notre autorisation. Nous désirons sincèrement travailler au bien de nos concitoyens sous les auspices du Roi des Français.

(PS   040,   07-10,     Carta   a   ARDAILLON   SANTIAGO,

DIPUTADO, 1834-04-14): Rogaría al Sr. Aradaillon, si lo cree necesario, que comprometa al Sr. Prefecto a prestar su ayuda para nuestra autorización Deseamos sinceramente trabajar por el bien de nuestros conciudadanos bajo los auspicios del Rey de Francia.

(PS 064B, 03-17, Lettre à ARQUILLIERE CHARLES, LAIQUE, 1836-04-13): Nous sommes

flattés au dernier point de l’honneur que Mr. le Préfet et les membres de surveillance de l’école normal nous font en nous appelant à contribuer au bien de l’instruction dans notre propre département. C’est avec le plus vif intérêt que nous nous y prêterons, bien charmés d’avoir cette occasion de marquer notre dévouement à Mr. le Préfet et au bien de nos concitoyens.

(PS   064B,   03-17,     Carta   a   ARQUILLIERE CARLOS,

SEGLAR, 1836-04-13): Nos sentimos sumamente halagados por el honor que nos hace el Sr. Prefecto y los miembros de vigilancia de su escuela normal al llamarnos a contribuir al bien de la instrucción en nuestro propio departamento. Nos presentamos a ello con el más vivo interés, muy encantados de tener esta ocasión de probar nuestra deferencia hacia el Sr. Prefecto y para el bien de nuestros conciudadanos.

(PS 273,   02-09, Lettre à   LIBERSAT, LAIQUE,

1839-09-19): Permettez que je vienne encore vous prier de me dire ce que vous auriez appris touchant notre autorisation. Que vous dit M. Delbeque? Quelles démarches me reste-t-il à faire? M. Salvandy avait [dit] à M(onseigneur) de Belley que si nous prenions les statuts d’une société déjà autorisée, la nôtre serait approuvée. S’il en était ainsi, nous ne ferions aucune difficulté pour cela, nous tenons trop à fournir de bons chrétiens et de bons citoyens parmi les habitants des campagnes.

(PS 273, 02-09, Carta a LIBERSAT, SEGLAR, 1839-09-19):

Permita, una vez más, que venga a rogarle me diga cuanto sepa relativo a nuestra autorización ¿Qué le dijo el Sr. Salvandy? ¿Qué gestiones me quedan por hacer? El Sr. Salvandy le había dicho a Monseñor de Belley que si tomábamos los estatutos de otra sociedad ya organizada y autorizada, la nuestra sería aprobada. Si así fuese no tendríamos ninguna dificultad para ello; nos interesa demasiado   proporcionar   buenos   cristianos   y buenos ciudadanos entre los habitantes del campo.

[Encontramos varias expresiones de Marcelino donde utiliza el calificativo “bueno” o algún derivado. Incluyendo la combinación “buenos cristianos y buenos ciudadanos” y “Buena Madre”. Presentamos a continuación las referencias directas y las fuentes.]

Realidad concreta Referencia Fuente
Buena voluntad “C’est une bonne volonté et….” Carta 023
Buenas manos “Ne désespérez jamais de votre salut, il est entre bonnes mains Carta 249
Buena Madre “Marie n’est-elle pas votre bonne mère? Plus vos besoins sont grands, plus Elle est intéressée à voler à votre secours.” Carta 249
Buenos cristianos y buenos ciudadanos de bons chrétiens et de bons citoyens parmi les habitants ” Carta 273
Buenos catequistas y hábiles [buenos] institutores “Avant tout nous serons de bons catéchistes, mais nous tâcherons aussi de devenir des Instituteurs habiles.” Carta 313
Buena salud “11.-… qu’ils jouissent d’une bonne santé,..” Prospecto 1836
Buen pan y buena sopa “18.- Pour le dîné les Frères auront de bon pain, de bonne soupe,…” Regla 1830

 

[El Hermano Juan Bautista Füret, quien escribe la biografía oficial de Marcelino, utilizó el calificativo virtuoso en lugar de bueno al referirse a ciudadano.]

(JBF, VMC: 02,23,547): En un mot, , élever un enfant, c’est en faire un bon chrétien et un vertueux citoyen (JBF, VMC: 02,23,547): En definitiva, se trata de hacer del niño un buen cristiano y un honrado ciudadano.

Entre las expresiones “buen ciudadano” o “virtuoso ciudadano”, las Constituciones de 1986 privilegiaron la primera.

081,02.- Pour lui, la mission du Frère consiste à aider les enfants et les jeunes à devenir de “bons chrétiens et de bons citoyens”. 081,02.- Según él, la misión del Hermano consiste en ayuda a los niños y jóvenes a llegar a ser, ante todo, “buenos cristianos y buenos ciudadanos”

Razones que militan a favor de “bon citoyen”:

  • Como documento fuente tiene más fuerza una carta de Marcelino que una afirmación de Juan Bautista
  • Esta expresión apunta a lo intrínseco: buen pan, buen maestro, buena madre, buen libro. Podría traducirse por “verdadero”, “auténtico”…
  • En el límite se puede ser “virtuoso” maestro, siendo un pobre Esto es, carece de facilidades para el magisterio, pero es muy humilde, muy abnegado, muy paciente….

La guía del maestro de 1853:

5º De leur apprendre leurs devoirs envers leurs parents, les Pasteurs de l’Eglise, le Chef de l’Etat les Magistrats, la société, et de ne rien épargner pour en faire des enfants soumis et respectueux, de bons chrétiens et de vertueux citoyens.

Hay que recordar que cuando Furet escribe la Guía del Maestro (1853) y cuando publica la Biografía del Padre Fundador (1856) Luis Bonaparte acaba de constituirse en Napoleón III, organizando la nación francesa como imperio.

La edición en lengua española [del extracto de la Guía del Maestro] que a continuación sigue es ciertamente muy posterior a la primera francesa. No sabría decir exactamente a cuál corresponde. Pero el cambio de mentalidad es evidente, aunque todavía con algunas reservas.

Capítulo VIII EDUCACIÓN SOCIAL

Formado ya el joven católico en las aulas colegiales, no queda aislado en el mundo, sino que constituye parte integrante del cuerpo social en el que tiene su función propia, deberes y derechos. En ello pensaba nuestro Vble. Padre cuando nos trazó el programa de educadores, que las siguientes palabras evocan: “formar buenos cristianos y virtuosos ciudadanos”.

Educación social en la Escuela.- En materia de educación social hay que hacer ante todo esta importante observación: No faltan en éste, como en muchos otros puntos de enseñanza, junto a soluciones generalmente admitidas, otras que se prestan a múltiples controversias. En la Escuela, hay que evitar las últimas y atenerse a las primeras si se quiere hacer labor práctica y efectiva. Así, por ejemplo, las cuestiones delicadas e irritantes acerca de la forma de gobierno, las relaciones del capital y del trabajo o ciertas leyes evidentemente muy discutibles, deben tenerse del todo alejadas por no convenir a la enseñanza escolar. Y aun es dudosa la conveniencia de abordar algunos de esos asuntos entre jóvenes de bastante edad; en todo caso, debe hacerse con gran prudencia y moderación.

Práctica.- 1º. Uno de los primeros objetos de las lecciones que, en el dominio social, han de darse a los niños, es el de formarlos al amor a la patria. 

1 La índole universal de este libro, dedicado a todos los países de habla española, impide entrar en los pormenores peculiares de la vida social de cada nación.

Procuren, pues, los Sres. Maestros adaptar la enseñanza a las normas y reglamentos de su propio país y dar a conocer a los alumnos las instituciones sociales de interés nacional.

En España insistan especialmente sobre la Doctrina Social del Glorioso Movimiento Nacional

Ese es el motivo de haberse introducido por doquier la asignatura de Historia Patria en el plan de estudios de la enseñanza primaria. Ella da a conocer a los niños la historia de sus antepasados. Nada hay tan adecuado para encender en los jóvenes el amor patrio, como el relato de las pretéritas glorias, padecimientos y luchas de sus mayores.

Cada nación posee su galería de personajes ilustres que pueden cautivar la admiración de los niños y despertar en su alma generosos sentimientos. El patriotismo es uno de los sentimientos más nobles que puedan cultivarse en la infancia, con tal que en lo tocante a las demás naciones se contenga en el marco de la justicia.

2º. Dicho se está que el buen católico se halla dispuesto a cumplir sus deberes de ciudadano. Advirtamos de paso que esos deberes, o cuando menos algunos de ellos, son consecuencia, aunque remota, de los deberes de católico. Por lo mismo, se manifiestan en formas y en ocasiones que hay que explicar detalladamente a los niños. El voto, por ejemplo, que confiere al ciudadano cierta ligera participación en el poder público, debe explicárseles en todo su mecanismo, responsabilidades y consecuencias. Procédase con mucha circunspección y prudencia al hablar de las garantías morales y de la capacidad exigibles a los candidatos, de modo que ni pueda ser mal interpretada una sola expresión, ni tomada como alusiva a personas de autoridad, especialmente en época electoral.PChFrB 021

3º. Debe asimismo conocer el niño las instituciones públicas del país en que vive y las funciones que en la localidad desempeñan las autoridades civiles, judiciales, militares y eclesiásticas; la organización de los Municipios, de las Diputaciones provinciales y Gobiernos civiles; la organización de los Juzgados de instrucción y de primera instancia, Audiencias provincial y territorial, Tribunal Supremo; la organización del Ejercito, servicios que presta, Ley   de   quintas;   la   organización   del Estado: Ministerios y Direcciones generales, Cámaras legislativas, etc.

Tal vez no sea fuera de propósito hacer observar que está desgraciadamente demasiado generalizada la costumbre en determinado sector de la prensa, de denigrar y censurar las instituciones del país. Guárdese el Maestro de proceder así con sus alumnos; por el contrario, esmérese en inculcarles el respeto y benevolencia a que tienen derecho las instituciones públicas, pues si bien en ningún lugar son perfectas, no dejan por eso de ser respetables, y por lo común representan en cada localidad lo más digno que se ha podido hallar.

4º. Al tratar de los deberes del ciudadano no se omita tampoco lo relativo a los impuestos, al respeto a las leyes a la escrupulosa honradez con que deben proceder los representantes del poder y los administradores del erario público.

5º. Obras sociales.- Tan grande es el actual movimiento de la humanidad y tan familiares se han hecho las obras sociales aun en el pueblo, que pueden tratarse, entre alumnos mayores, muchas cuestiones de economía social, tales como las formas diversas del capital y del trabajo; la producción, circulación y distribución de la riqueza, el ahorro y la asociación.

Lo más recomendable y práctico será favorecerlas en proporción de su valor e importancia, insistiendo sobre las que funcionan en la región con la participación de los padres de los alumnos y aun quizás de estos mismos.

Tales son:

  • Obras de asistencia, como por ejemplo las Cantinas escolares, la Mutualidad escolar, los Jardines obreros, los Comedores de Auxilio Social, el Subsidio Familiar, el de la Vejez, etc.
  • Obras de cultura, a saber: Patronatos Bibliotecas populares, Círculos de estudios, Academias científico-literarias de escolares, etc.

2 En España: la organización de F.E.T. y de las J.O.N.S., frente de Juventudes, etc.

Obras de previsión, v. Gr.: el Instituto Nacional de Previsión, las Cajas de ahorro, de seguro, de retiro, dote infantil, etc.

Finalmente, Instituciones de índole diversa, tales como Sindicatos profesionales, Cooperativas de consumo, Bolsas de trabajo, Escuelas profesionales, etc.

6º. Obras morales.- Hay en la enseñanza social, más aún que en otras muchas, ocasiones mil de llamar la atención de los niños acerca de la moral cristiana.

Tienen, en efecto, las causas morales soberana influencia sobre hechos que a primera vista parecen de oren distinto. Así, el desenvolvimiento de una nación y la felicidad de los ciudadanos que la constituye, guarda estrecha relación con la moral evangélica. La religión, amor al trabajo, honradez, justicia y abnegación por el bien público contribuyen a la prosperidad de las naciones en tanto grado por lo menos como las tierras fértiles y la abundancia de minas.

Por el contrario, no es difícil demostrar que la pereza, el egoísmo, las luchas sociales y la injusticia en todos sus aspectos, son causa de decadencia para los Estados. Y a mayor abundamiento, vienen los hechos a confirmar esta palabra del Evangelio: “Buscad primeramente el reino de dios y su justicia, y todas las demás cosas se os darán por añadidura”.3

 Forma que adopta esta enseñanza cívica.- Huelga decir que esta enseñanza, por no estar al alcance de los alumnos de corta edad, sólo debe dirigirse a los de cierto desarrollo.

Puede revestir forma sistematizada, si se sujeta a un plan metódico, u ocasional, si se da aprovechando la coyuntura propicia que brinda un suceso público, una fiesta nacional, un hecho heroico de trascendencia social, etc.

En los relatos de hechos notables de la Historia; en las lecturas y descripciones de la Geografía; en los variados asuntos de la Redacción, hallará el Maestro frecuentes motivos para esa enseñanza ocasional, que hiere vivamente el alma del niño y ejerce decisiva influencia en su formación moral y social.

Pero, a pesar de su importancia, no debe remplazar por completo a la enseñanza sistematizada y metódica, que debe adaptarse en los Colegios importantes a algún texto de Rudimentos de Derecho.

Bueno será dirigir las lecturas de los jóvenes y aficionarlos a la buena prensa, al mismo tiempo que se los pone en guardia contra las publicaciones malsanas, inmorales y antipatrióticas.

Observación importante.- Una de las primeras enseñanzas que en el terreno social hay que dar a los niños es la organización de la Iglesia Católica como sociedad, su jerarquía, obras y acción civilizadora a través de los siglos.

Así, pues, debe estudiarse en todos sus pormenores la organización de la Parroquia: el párroco, los coadjutores, la fábrica de la iglesia; la Diócesis: el obispo, los gobernadores eclesiásticos, el provisor, los canónigos; la Nunciatura apostólica, el tribunal de la Rota; la Corte romana, con sus cardenales, congregaciones, etc. Hágase notar la diferencia entre clero regular y secular, religiosos no ordenados, seminarios, noviciados, etc.

Finalmente, nada debe omitirse de cuanto pueda inducir a nuestros discípulos a tenerse por muy honrados y sentirse ufanos de pertenecer a esta Sociedad de origen divino, mejor constituida que todas las sociedades humanas.

Conclusión hipotética, por lo tanto provisoria:

  • No podemos tal vez afirmar que Marcelino quería una formación cívica y política de los alumnos en toda forma. Esto sería sacar su pedagogía de la época cultural, sobre todo del lado eclesiástico. La primera encíclica sobre lo social vino con León XIII.
  • Tal vez lo que Marcelino estaba diciendo, como podía, que no sólo hay que atender al niño como creyente (cristiano), sino también en cuanto miembro activo de una comunidad humana (ciudadano).
  • Pero, ¿no toca a nosotros, sus herederos legítimos, [Maristas de Champagnat], ir [desarrollando todas las bondades de su carisma]?

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  • Después de Vaticano II (la cultura eclesial), muchos documentos del Instituto, siguiendo a los del Magisterio, apuntan a la importancia de un buen cristiano y de un buen (auténtico, comprometido, verdadero) ciudadano.
  • Nuestras constituciones actuales recogen algo de esto:
    • 034,04.- Nuestra misión de educadores de la juventud nos compromete a trabajar por la promoción de la justicia.
    • 02.- Damos a conocer la doctrina social de la Iglesia y nos esmeramos por despertar las conciencias a los problemas que afectan a la sociedad. Comprometemos a nuestros alumnos en actividades caritativas que los pongan en contacto con situaciones de pobreza.
    • 03.- Educamos a nuestros alumnos en lo referente a los medios de comunicación social, particularmente despertándoles el sentido crítico hacia los mismos.
    • 164,02.- Nuestras comunidades, sencillas y fraternales, constituyen una llamada a vivir según el espíritu de las primeras comunidades. El testimonio de nuestras vidas entregadas y nuestro compromiso apostólico alientan a cuantos nos rodean, muy particularmente a los jóvenes, a construir una sociedad más justa, y revelan a todos el sentido de la existencia humana.