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Conchita, ejemplo de vocación laical.

El mundo recibirá un ejemplo de mi poder

Fernando Torre, msps.

En 1899, Concepción Cabrera escribe en su Cuenta de conciencia:

Apenada yo, y profundamente humillada, le decía hoy al Señor:

–Me parece imposible, Jesús mío, que la continuación de las revelaciones a la Beata Margarita[1] crucen por este pobre caño; ¿por qué, dime, no las das a otra persona religiosa, que me parecen las monjitas más a propósito para estas cosas que yo?

–“Tengo mis fines, me contestó, y en todos los estados puedo comunicarme y santificar a las almas”[2].

Al día siguiente ella escribe:

Ayer me quedé corta en dar a entender, o decir claro, lo que el Señor me dijo, por vergüenza; pero he tenido un remordimientillo que no me deja, y allá va. […]

Beata Concepción Cabrera de Armida

Al preguntarle yo aquello de que cómo no le decía estas cosas a una religiosa, que tan santas las había, y que cómo me escogía a mí, tan horrenda que hasta de pensarlo me ponía en mil dudas, me dijo:

–“Tengo mis fines que tú no conoces, y en todos [los] estados puedo comunicarme a las almas; el mundo recibirá un ejemplo de mi poder, y muchas almas se santificarán por este medio”.

Entendí que quiere el Señor, será cuando yo me muera, o no sé, hacer brillar su bondad sobre una pobre casada, o más bien dicho, que se vea en todos los estados su grande poder; no puedo explicarme más, y gran pena me ha costado vencerme[3].

Estas palabras de Concepción revelan su profunda humildad («pobre caño», «tan horrenda»), pero también la poca valoración de su vocación laical («una pobre casada»), en comparación con la vida religiosa: considera que «las monjitas [son] más a propósito» que los laicos para recibir las revelaciones de Dios. Esta mentalidad era común antes del Concilio Vaticano II (1962-1965).

Para corregir el error en que ella se encontraba, Jesucristo le dice: «en todos los estados puedo comunicarme y santificar a las almas». También los laicos pueden recibir gracias especiales de Dios y santificarse, y no solo las personas consagradas o los ministros ordenados.

Además, al escoger a una mujer laica casada para comunicar su mensaje, Jesucristo quiere dar un ejemplo de su poder a una Iglesia clericalista y a un mundo machista. María, la Esclava del Señor había proclamado: «el Poderoso ha hecho obras grandes por mí», «enaltece a los humildes» (Lc 1,49.52).


[1] Santa Margarita María de Alacoque, quien recibió las revelaciones sobre el Sagrado Corazón de Jesús.

[2] CC 12,6-7: 20 nov 1899.

[3] CC 12,8: 21 nov 1899.