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Espíritu del EDEPREM

Cada año en todo el mundo marista se llevan a cabo diferentes torneos interescolares cuyo objetivo puede sintetizarse en tres principios: Fraternidad, Convivencia y Salud.

Todo evento deportivo es en sí mismo un plan de competencia, que favorece el forjamiento del carácter de los participantes, un desarrollo de su resiliencia, la promoción de la salud y un profundo sentido de identidad. En el caso de los encuentros deportivos maristas que llevamos a cabo en México, sin contar los eventos regionales, tenemos tres grandes reuniones de familia como lo son la Copa Champagnat, para primarias, Copa Deportiva Marista, para secundarias, Copa Deportiva Marista de Universidades y el siempre esperado Encuentro Deportivo de Preparatorias Maristas (EDEPREM).

El EDEPREM se lleva a cabo desde hace más de 25 años en la ciudad de Guadalajara, siendo sede del mismo el Colegio Cervantes Bachillerato (el “Costa”). En él hacen presencia jóvenes de todos nuestros bachilleratos que se han preparado en sus respectivos colegios durante el ciclo escolar, compitiendo en sus ligas locales y esperando la oportunidad de poder participar de esta gran fiesta de familia.

¿Pero qué mueve el “espíritu del EDEPREM”? ¿Por qué acuden tantos Hermanos, laicos, padres de familia y exalumnos? Muchos tal vez no lo saben, pero hay una comisión del Colegio Cervantes que, con la asesoría de algunos profesores, está liderada por alumnos que cursan el tercer año de bachillerato (semestres 5 y 6). Así que podemos afirmar que el espíritu del EDEPREM subsiste, crece y se desarrolla porque son jóvenes estudiantes quienes llevan sus riendas, con todo el entusiasmo y los errores propios y necesarios de la edad, con todo el ímpetu y la creatividad que le caracteriza a cada generación.

El EDEPREM es un fruto del carisma marista que se encarna en las y los jóvenes que organizan, viven y participan en esta gesta deportiva. Como en toda acción humana hay aciertos y yerros, pero lo más importante son los aprendizajes que cada año tienen los jóvenes, las familias que hospedan, los árbitros, los entrenadores y el Instituto de los Hermanos Maristas, que, si bien a veces se ha visto empañado por el pecado de varios de sus miembros, también es cierto que procura encarnar el carisma heredado de San Marcelino Champagnat y la comunidad de Hermanos fundadores.