Fiesta de San Marcelino Champagnat


Te invitamos vivir este momento con calma. Regálate unos minutos a solas  o con tu familia o amigos y realiza lo siguiente.

  1. Lee el texto de la estampa digital.
  2. Contempla la imagen.
  3. Ve el video.
  4. Escribe un compromiso marista al estilo Champagnat.


 

Educar para Amar

Autoría: Compañía Teatral Catarsis

Letra:

Instruir bien a los jóvenes, no es gran cosa,
lo importante, lo esencial es enseñarles el amor.

Sin saber que estábamos naciendo,
sin saber cómo, por qué, ni cuándo.
Sin saber que estaba amaneciendo,
sin saber que todo iba cambiando,
sin saberlo, estábamos naciendo.

Educar, hermanos, nuestros jóvenes serán toda la vida lo que la educación que les demos haga de ellos. Y si bien sus padres nos los envían para que les enseñemos a leer, a escribir o para que los adentremos al estudio de las ciencias, nuestro Señor los envía para que les enseñemos a conocerlo. Porque el conocimiento de Dios es de tal importancia que Jesús vino al mundo tan sólo para proporcionárselo a los hombres.

Sin medir cuán dura era la carga,
sin medir en dónde estaba el riesgo,
sin medir el peso en nuestra espalda,
sin medir esfuerzos y sin miedos,
comenzamos una gran batalla.

Educar, hermanos, vamos a cultivar el campo de la Divina Providencia, y si tal labor nos llegara a parecer difícil, recordemos, por favor que es Dios quien la impone. Y no olvidemos nunca que la mejor lección es el ejemplo, seamos entonces el modelo de nuestra prédica. Educar, hermanos, dar el sentido de Dios y el sentido del hombre, respetar la libertad mediante el testimonio de nuestra propia vida.

Sin pensar quien era el adversario
caminamos un difícil tiempo,
sorprendimos una nueva historia,
descubrimos que éramos maestros,
perseguidos sin ninguna gloria.

Educar, hermanos, transmitir la visión cristiana del hombre y del mundo, de la historia, de la ética, desentrañar los signos de los tiempos, de este tiempo en el que el miedo, la desconfianza y la inseguridad del mañana impiden tener la visión de la esperanza. Ser testigos vivos de un mundo en el que la vida, la libertad y la dignidad del hombre se encuentran más amenazadas que nunca y que ofrecen cada vez más resistencia a escuchar y entender la Palabra de Dios.

Un buen día fuimos los hermanos
que llegaban a todos los pueblos
y sin más que nuestras propias manos,
con los niños colgando del cuello,
educamos casi sin saberlo.

Educar, hermanos, conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus necesidades, su soledad, su ignorancia, el mundo de la ausencia de Dios, el mundo del abandono de los jóvenes, el mundo de rivalidades y de guerras. Educar, hermanos, educar para amar, para comprender, para compartir, para la verdad, para la justicia, ¡no ha de ser imposible integrar la fe y la cultura en nuestro tiempo!

Educar es aprender a amarnos,
comprender los signos de los tiempos,
ser testigos vivos de la historia,
ser de Dios el mejor instrumento
y esperar,confiados, la victoria.


Sagrados Corazones


La espiritualidad en la que fue formado San Marcelino Champagnat promovía la contemplación de un hermoso misterio que, a su vez, nos invita a contemplar nuestra propia humanidad. Los Sagrados Corazones de Jesús y de María laten al ritmo de la voluntad del Padre. Hoy día sabemos que de los primeros sonidos que escucha el ser humano en el vientre materno son los latidos del corazón de su madre, dando el ritmo de la vida y el desarrollo del feto. En cada latido del corazón de María, Jesús conocía los gozos y los retos de la humanidad que estaba siendo ya redimida desde el vientre de nuestra Señora.

Te invitamos a leer, meditar y reflexionar sobre el artículo presentado en esta entrega. Transcribimos íntegramente un escrito de Mariano Varona, de quien podemos afirmar que el ritmo de su corazón es un ritmo marista.


LA UNIDAD JESÚS – MARÍA

Tomado de VARONA, M. (1988) Jesucristo en la Espirutalidad y Escritos de M. J. B. Champagnat. Tesina Universidad Gregoriana: Roma.

Nota: Los números entre paréntesis corresponden al número de carta de Champagnat en la clasificación de Paul Sester.

Este es uno de los temas cristológicos más recurrentes en las cartas de Marcelino, llama la atención la cantidad de veces que asocia estos dos nombres. Entre las principales expresiones con las que se refiere al tema encontramos:

“Estar en las manos de Jesús y María”

Manifiesta su actitud de confianza y abandono. Jesús y María serán su recurso habitual en los momentos de dificultad, incomprensión y desolación. La confianza en su apoyo y protección lo mantendrán sereno en momentos de prueba.

La carta escrita a Mons. de Pins en 1827, cuando la Congregación pasa por momentos difíciles, es una clara muestra de esta actitud:

“Jesús y María: en ellos confío, a pesar de estos tiempos de perversión” “Jesús y María serán siempre el firme apoyo de mi confianza” (6)

Lo mismo en las carta que escribe once años más tarde al Hno. Francisco para notificarle sobre los trámites para obtener la aprobación de la Congregación.

Sigue siendo muy cierto que estamos en las manos de Jesús y María. Récenles mis queridos hermanos, que se cumpla la santa voluntad de Dios y tratemos de no querer, sino lo que Dios quiere”(195)

“sigo teniendo gran confianza en Jesús y María. No dudo que lo conseguiremos, pero desconozco el momento. Lo que importa por encima de todo, es no hacer por nuestra parte sino lo que Dios quiere que hagamos” (197)

Son expresiones que revelan una actitud filial del abandono del pobre que no confía en sus propios medios, sino en la gracia de Dios. A Champagnat sólo le preocupa una cosa: el cumplimiento de la voluntad de Dios. No importa el cómo. Esta actitud es, a la vez, enseñanza para sus hermanos.

Al escribir al Hno. Marie Laurent le anima a sobrellevar sus pruebas confiándose en Jesús y María, su suerte no puede estar en mejor lugar que en el altar y en los brazos de la Madre:

Desde que la recibí no subo nunca al Santo Altar sin encomendarlo a Aquel en quien no se espera en vano, que puede hacernos remontar los mayores obstáculos. No desconfíe nunca de su salvación: está en buenas manos: María; ¿no es María su refugio y su buena Madre? Cuanto mayores son sus necesidades, más interesada está ella en correr a su ayuda”

La salvación no es obra de los hombres ni depende de su esfuerzo. María es Buena Madre que entrega a Cristo. Su función maternal sigue en los cristianos. Las necesidades del hijo mueven la compasión y la ayuda de la Madre.

“Jesús y María, el único tesoro”

En la experiencia de Champagnat, la confianza y el abandono en Jesús y María se fundamentan en la certeza de saber que ellos son la razón de ser de su propia vida y vocación.

Reconocer a Jesús (y María) como el único tesoro y recompensa es calar en el corazón mismo de la Vida Religiosa, en su cristocentrismo: Jesús es el sentido último de la consagración.

En la circular que escribe a los hermanos con motivo de las vacaciones de 1833 les dice:

“Deseo que Jesús y María sean siempre su único tesoro. Si en el camino de la perfección hacen tantos progresos como yo deseo, adelantarán mucho” (29)

Los progresos que realizaran en el camino de la perfección estarían en directa relación con el proceso de desprendimiento que permitirían enriquecerse con Jesús y María. Marcelino experimenta con crudeza la realidad de la cruz y aprende que para conseguir el tesoro es necesario venderlo todo y que para llegar a la intimidad con Jesús y María es necesaria la muerte de sí mismo. Por eso intenta que la virtud de sus hermanos se cimiente en principios evangélicos sólidos.

En 1837 escribe al Hno. Euthyme:

“Tenga ánimo, querido hermano, Jesús y María serán su recompensa; en las tentaciones llámelos en su ayuda, nunca permitirán que sucumba” (102)

Los hermanos percibían en la práctica cotidiana que el Instituto no poseía muchos bienes y propiedades, ni eran ricos en recursos humanos. Sin embargo, percibían también que la confianza y la seguridad eran depositadas en la posesión de Jesús y María. Así lo manifiesta Marcelino a Mons. Pompallier, en 1837:

“María, sí, sólo María es nuestra prosperidad, sin María no somos nada y con María lo tenemos todo, porque María tiene siempre a su adorable hijo o en sus brazos o en su corazón” (194)

 “Con Jesús y María siempre”

 Son varias las cartas que expresan el siguiente deseo: “¡Qué Jesús y María estén siempre con usted!”(24)

En la mentalidad de Champagnat, este deseo es lo mejor que puede ofrecer. Tener a Jesús y a María es tenerlo todo. A través de esta sencilla expresión confidencia a los hermanos el eje principal de su experiencia espiritual: la totalidad y la exclusividad de Dios en la propia vida, mediada por Jesús y María.

En Jesús y María se declara padre de los hermanos:

“les aseguro que seré siempre con sumo gusto su afectísimo padre en Jesús y María” (1)

“Tengo el honor de ser su afectísimo padre en Jesús y María” (14)

Les manifiesta su amor:

Diga muy querido amigo, diga a sus queridos colaboradores cuánto los aprecio, cuanto los amo en Jesús y María” (63)

“En unión con Jesús y María y en dulce desahogo de mi corazón les quiero decir, mis carísimos hermanos, cuánto los amo” (210)

Les entrega la Regla:

“Les ruego reciban esta Regla, que anhelan desde hace tanto tiempo, en los dulces nombres de Jesús y María” (89)

Da gracias por cuanto le sucede:

“He hecho el camino sin haber sufrido, como me temía, los dolores que experimento de ordinario, gracias sean dadas a Jesús y María” (67)

Ellos son su modelo, su refugio, su guía y su apoyo, su fuerza y su todo.

Dos lugares privilegiados: los Sagrados Corazones de Jesús y María

Una variante del tema Jesús María es la referencia a sus Sagrados Corazones. Champagnat vive en un momento de la historia, el Romanticismo, donde los aspectos afectivos de la religiosidad son especialmente considerados, y un período de la Iglesia donde la devoción al Sagrado Corazón de Jesús está en alza. El corazón es el simbolismo a través del cual se manifiesta la persona misma, su alma, su interior, el conjunto de sus sentimientos.

San Juan Eudes (1601- 1680) fue quien primero acuñó la idea de unir los Corazones de Jesús y María. Hablaba de un sólo corazón para dos personas: el Corazón de Jesús y María. Según su doctrina, el corazón de Jesús es el corazón de María: Cristo vive y reina plenamente en ella y María vive de la vida de Jesús. Cristo es el corazón del corazón de su Madre, lo más íntimo de ella y la razón de su vida.

Champagnat, hombre dotado de gran riqueza afectiva y con fuerte sentido práctico, simplifica la expresión y la adapta a la vida sencilla de los hermanos. Para él también ambos corazones deben ir unidos, ya que no entiende a María sino con Jesús en los brazos o en el corazón.

Habitualmente ocupa la fórmula de despedida “los dejo en los Sagrados Corazones de Jesús y de María” dando una connotación de abandono filial, de confianza, de seguridad, de protección y cuidado.

Participa, asimismo, de la intuición eudista de los SSCC como lugar de contemplación.

En dos cartas sugiere esta pasividad contemplativa con una formulación muy sencilla:

“Los dejo a los dos en los Sagrados Corazones de Jesús y de María, ¡ya ve qué buenos lugares!”(19)

“Los dejo a todos en los Sagrados Corazones de Jesús y de María, ¡qué buenos lugares, se está bien!”(49)

Las cartas, a través de esta evocación de los SSCC, ayudan a descubrir líneas fuerza de la espiritualidad de Champagnat: sencillez como actitud filial, abandono en Jesús y María, confianza como actitud básica de relación espiritual.

La fórmula SSCC tiene diferentes matices y variaciones según los destinatarios y los estados afectivos de Marcelino:

“Un abrazo en los Sagrados Corazones de Jesús y María donde los dejo” (24) al Hno. Bartolomé.

“Tengo el honor de ser todo suyo en los Sagrados Corazones de Jesús y de María” (70) al Sr. Douillet.

“A Dios mi querido amigo, ya sabe que los quiero a todos en los Sagrados Corazones” (204) al Hno. Víctor.

“Todo suyo en los Sagrados Corazones de Jesús y María. Tengo el honor de ser su afectísimo servidor” (174) al Hno. Francisco.

Los SSCC son, finalmente, el lugar ideal para entablar el diálogo y llegar a una comunión total. Así se los manifiesta a Mons. Benigne du Trousset d’ Hericourt, obispo de Autun:

“Le ruego, Monseñor, se sirva fijar el momento y el lugar de nuestra entrevista para que podamos arreglarlo todo y que, a partir de ahora, la Sociedad de María y Su Excelencia no tengan más que un solo corazón y un mismo espíritu en los Sagrados Corazones de Jesús y de María” (268).


 

Ayuno de los jóvenes

Imagen25Durante la cuaresma se ha impulsado en la Iglesia la práctica de ejercicios de piedad que nos fortalecen interiormente: el ayuno y la penitencia, la limosna y la oración.

En el caso de los dos primeros hay una fuerte orientación hacia el sacrificio fecundo que nos purifica. Cuando hacemos ayuno nos estamos privando del alimento y en la penitencia fortalecemos nuestro carácter. Estas dos prácticas son comunes entre la personas que dejan un bien menor por un bien mayor tal como lo son deportistas, médicos, padres y madres de familia.

La limosna hoy podemos releerla como invitación a la solidaridad. Es dar algo de nosotros por el bien de los demás. La generosidad purifica nuestra persona.

En cuanto a la oración, estamos invitados a meditar los misterios de la pasión, muerte y resurrección del Señor para poder decir con el poeta: “No me mueve mi Dios para quererte el cielo que me tienes prometido…”

A continuación transcribimos el capítulo IV de las Enseñanzas Espirituales de San Marcelino Champagnat. Es un texto donde los primeros Hermanos Maristas reunieron aquellas instrucciones que nuestro fundador les daba para santificarse en la vida diaria. Te invitamos a leerlas, meditarlas y tomar aquello que hoy te ayude a ser un excelente cristiano y mejor ciudadano.


EL AYUNO DE LOS NOVICIOS

En vida del padre Champagnat, el fervor era muy vivo en el noviciado. Todos los hermanos, incluso los más jóvenes, se entregaban a la virtud por conciencia del deber, por amor y santo deseo de imitar a Jesucristo y Ilegar a parecerse a él.

Ocurrió, pues, que un año, con motivo de la cuaresma, a todos los hermanos jóvenes les dio por ayunar durante todo ese tiempo santo, a ejemplo del divino Salvador. El proyecto juvenil de mortificación se fraguó durante un recreo.

    – ¡Ea! se dijeron unos a otros, ya llegó el tiempo cuaresmal, es decir, el del ayuno y la penitencia.

    – Tengo intención de ayunar todos los días, exclamó uno de ellos.

    – Yo también, agregaron varios más.

    – Sí contrapuso uno de éstos, pero dicen que no se deja ayunar a los hermanos jóvenes.

    – ¡Vaya por Dios! ¡Qué lástima!, respondieron todos.

Es verdad replicó con viveza uno de los más jóvenes, que hay que tener veintiún años para poder ayunar sin mayores dificultades, pero si pedimos licencia para ello, se nos va a conceder, ya que no estamos enfermos, antes gozamos todos de muy buena salud.

Convinieron, pues, y determinaron que seis de ellos irían a ver al venerado padre y, en nombre de todos, le pedirían permiso para ayunar.

G-reuniónEl fervor de aquellos hermanitos era tan intenso, su sencillez tan candorosa, que ni les pasó por las mientes la idea de que se les fuera a negar ese favor. Los seis procuradores fueron al aposento del venerado padre. Tímidamente entraron y, tras profunda venia general, el mayor, de dieciséis abriles escasos, habló en nombre de todos y dijo:

Muy reverendo Padre, venimos a pedirle, con humildad y total confianza, que nos autorice a ayunar durante la cuaresma.

    – ¿Toda la cuaresma?

    – Sí, padre, toda la cuaresma.

    – Es muy larga. ¿Sabéis cuántos días de ayuno tiene la cuaresma?

     – Si, padre.

      – ¿Lo deseáis los seis?

    – No sólo nosotros seis, sino todos los demás hermanos jóvenes, en cuyo nombre hemos venido a pedir este favor.

     – Hijos míos, alabo vuestro fervor y vuestro anhelo de penitencia. Para animaros a perseverar en la práctica de esas virtudes, os concedo ayunar durante la cuaresma. Decídselo a los demás que os han comisionado. Ahora bien, sois jóvenes, carecéis de experiencia y necesitáis que se os dirija en todas las cosas. Mañana os explicaré cómo vais a practicar ese largo ayuno de cuarenta días. Entretanto, será mejor que cenéis bien, de modo que el estómago esté mejor preparado para ayunar mucho durante la cuaresma. Id a decir a vuestros compañeros que os otorgo el permiso de ayunar, pero que me reservo el explicaros la manera de llevar a cabo y santificar dicho ayuno.

Los hermanitos dieron efusivamente las gracias al padre, salieron rebosantes de alegría y corrieron a comunicar a los demás que se había atendido su petición y podían prepararse para ayunar durante toda la cuaresma.

Pronto se corrió por la casa que los hermanos noveles se disponían a competir en penitencia y mortificación con los veteranos. Todo el mundo se alegró, especialmente el cocinero, ya que se le aligeraba con ello la tarea y se le ahorraba la preparación del desayuno.

04 Vida (15)Al día siguiente, como lo había prometido y según acostumbraba en la inauguración de la cuaresma, el padre Champagnat dio a toda la casa una plática sobre el modo de santificar el ayuno. Aunque era día consagrado a la penitencia, el venerado padre estaba más alegre de lo que solía: se reflejaban visiblemente en su rostro el contento y la alegría santa.

     – Carísimos hermanos dijo, tengo la satisfacción de comunicaros que todos los miembros de la comunidad están cabalmente dispuestos a santificar la cuaresma. Prueba de ello es que, por feliz contagio, el espíritu de mortificación y penitencia de los hermanos mayores se les ha pegado a los jóvenes, y éstos han venido a pedirme que les deje ayunar toda la cuaresma. Os extrañará, sin duda, que les haya concedido ese favor. No les tengáis envidia. Alegraos, más bien, de que vuestros ejemplos estén dando frutos tan excelentes. Sí, hermanos jóvenes, ayunaréis todos, porque todos necesitáis hacer penitencia para conservar limpia el alma, imitar a Jesucristo y merecer la gloria que os espera. Pero la Iglesia es madre bondadosa, que mira por el cuerpo igual que por el alma de todos sus hijos. Os concede, por la debilidad de vuestros pocos años, que practiquéis un ayuno menos riguroso que el que pide a vuestros hermanos mayores y a todos los fieles que han cumplido veintiún años. Os dispensa de hacer ayunar el estómago y, para otorgaros el mérito y recompensa del ayuno, sólo desea de vosotros estas cuatro menudencias:

1. El ayuno de los ojos, mediante la modestia.

Agrada mucho a Dios ese ayuno y es de mérito muy subido por tres razones:

1a Porque la modestia reprime las pasiones y opone una barrera al pecado. ¿Sabéis lo que significa aquella sentencia de la sagrada Escritura: La muerte ha subido por nuestras ventanas (Jr 9, 21)? Que el pecado, la muerte del alma, entra por los ojos cuando no se procura sujetarlos con la modestia. El santo varón Job, que había rumiado esa máxima, declara: «Hice pacto con mis ojos de no pensar jamás en cosa mala». ¿Por qué dice «no pensar», en vez de «no mirar cosa mala»? Porque el pensamiento va tan íntimamente unido a las miradas, que no puede separarse de ellas. Así pues, la modestia nos preserva del pecado.

2a Porque la modestia engendra el recogimiento, destierra las distracciones, fomenta la piedad y la devoción. Quien desee rezar bien las oraciones, ha de ser muy recatado.

3a Porque la modestia edifica al prójimo, le aficiona a la virtud y le lleva a Dios. La modestia de los religiosos santos inspira punzantes remordimientos a los pecadores y reprime su desenfreno. San Bernardino, por ejemplo, contenía con su modestia a los compañeros licenciosos que, al verle, exclamaban: «Portémonos como Dios manda, que viene Bernardino.» De san Efrén se refiere que no se le podía mirar sin sentir devoción, sin proponerse llegar a ser mejor, debido a lo extraordinario de su modestia y a la virtud que rezumaba. La modestia de san Luciano, mártir, era tan admirable y eficaz, que compelía a los paganos a abrazar la fe cristiana. El tirano Maximiano, conocedor de tal prodigio, citó al santo; mas, por miedo a que le convirtiera su actitud recatada, mandó poner un velo entre ambos.

Hermanos carísimos, observad el recogimiento y la modestia en las miradas, la actitud, los gestos. Conseguid que todos vuestros sentidos ayunen por medio del recato. Santificaréis así debidamente la cuaresma, y sus cuarenta días darán frutos opimos de virtud y de méritos.

2. El ayuno de la lengua, con la práctica del silencio.

05 Vida 2 (19)Dos grandes ventajas proporciona ese ayuno:

1a Conseguir que se evite el pecado. Efectivamente, está escrito: En el mucho hablar no faltará pecado (Pr 10, 19). Y en otro lugar: Quien habla mucho, hará daño a su alma (Eclo 20, 8), y también: La lengua desenfrenada es decir, que no observa el silencio es un mundo entero de maldad (St 3, 6). Por consiguiente, si lográis que ayune la lengua, respondo de que no cometeréis la mitad de las faltas diarias. ¡Cuán provechoso resulta, pues, dicho ayuno para el alma y la conciencia!

2a Pero hay algo más: ese ayuno conserva, nutre y hace crecer todas las virtudes. Por eso ha // dicho el Espíritu Santo: Si alguno no tropieza con palabras, ese tal es varón perfecto (St 3, 2). Quiere decir que tiene todas las virtudes.

Para enterarse de la salud de una persona, basta que le miren la lengua: si la tiene encendidamente roja, o sucia y blanquecina, no goza de buena salud. De igual modo, para conocer en qué estado se halla el alma de un religioso, hay que prestar atención a la lengua: cómo la rige y qué uso hace de ella. Si habla mucho, es casi seguro que tiene el alma plagada de culpas y pecados. Si habla poco, si es recatado y circunspecto en las palabras, estad seguros de que tiene el alma adornada de hermosas virtudes.

El prurito de hablar, el hábito de contar chistes, la afición a la chunga y la disipación son indicios seguros de conciencia vana y torcida, de espíritu superficial, de alma enclenque y vacía de virtudes. Tan convencido de ello estaba santo Tomás, que afirmaba abiertamente: «Si veis a un religioso que gusta de las conversaciones fútiles, de las chanzas y frivolidades del siglo, de ninguna manera penséis que se trata de un hombre espiritual y virtuoso, aunque hiciere milagros».

Lograr que ayune la lengua es, pues, medio excelente de guardarse del pecado, hacer medrar las virtudes, ser gratos a Dios e incluso aprender a hablar debidamente.

3. El ayuno de los defectos y de las pasioncillas.

05 Vida 2 (30)¿Sabéis cómo se hace ayunar a los defectos? Combatiéndolos y no dejándose dominar por ellos. ¿Sentís inclinación, por ejemplo, a mentir de vez en cuando, hablar mal del prójimo, zaherir a los hermanos, llegar tarde a cualquier ejercicio de comunidad, etc.? Si corregís todo eso, si os abstenéis de ello hasta Pascua, habréis conseguido que ayunen los defectos. Someter las pasiones al ayuno es luchar contra las tentaciones y malas tendencias de la naturaleza corrompida; es evitar el pecado y mortificarse para arrancar del corazón todas las malas hierbas que en él haya sembrado el demonio. Supongamos que sentís inclinación a la pereza, al orgullo, envidia, gula, placeres prohibidos, tristeza, etc. Luchad contra todo eso, decid a las pasiones desordenadas: ¡Fuera!, marchaos lejos; no volváis a molestarme hasta Pascua; os declaro lucha a muerte durante toda la cuaresma. Quiero, además, aplicarme singularmente a la práctica de las virtudes contrarias a esas pasiones. De modo que lucharé contra la pereza con mayor fidelidad al reglamento y aplicación al estudio y al trabajo manual. Combatiré el orgullo con el ofrecimiento de los actos a Dios, realizándolos todos por él y no por complacer a los hombres; prestando a los hermanos todos los servicios que pueda, convirtiéndome así en el fámulo de la comunidad. Entraré en lid contra la gula con el arma de la mortificación en las comidas, y contra la sensualidad renunciando a todo lo que no me sea necesario.

Si así lo hacéis, ¡qué ayuno más bueno vais a practicar!, ¡qué cuaresma tan santa vais a pasar! Ese es el medio más seguro de imitar a Jesucristo, participar en sus dolores y aseguraros un tesoro de méritos para la eternidad.

4. No consentir jamás que ayune el alma, no darle nunca pan mohoso.

Se hace ayunar al alma cuando se falta a los ejercicios de piedad: meditación, examen, lectura espiritual, misa, comunión. Se hace ayunar al alma cuando se descuida la práctica de las virtudes y de las buenas obras, cuando uno es infiel a la gracia, cuando se obra por rutina, sin rectitud de intención y, por consiguiente, sin mérito.

Se le da pan mohoso cuando se rezan mal las oraciones, se recitan distraídamente, con desidia y tibieza, sin preparación ni devoción. La oración rezada con descuido y distracciones consentidas, la lectura espiritual hecha sin atención, sin deseo de aprovecharla practicando lo que enseña, son para el alma Io que el pan mohoso para el cuerpo: alimento deteriorado, que altera la salud y la desconcierta, en vez de mantenerla y fortalecerla.

No impongáis, pues, ayuno al alma, no le deis pan mohoso, a saber: no abandonéis uno solo de los ejercicios de piedad; no os contentéis con la asistencia a ellos; llevadlos debidamente a cabo y luchad animosamente contra las distracciones.

Pero ahora tengo que preguntaros: ¿Qué finalidad tiene el ayuno prescrito por la Iglesia? Con toda seguridad, me vais a responder: Hacer penitencia, combatir y domeñar las pasiones con la mortificación del cuerpo y, en último término, imitar a Jesucristo.

Muy bien, estoy conforme con vosotros en que son ésos los motivos principales del ayuno. Pero, ¿no falta nada? Sí, se ayuna y se priva uno de parte del alimento para socorrer a los pobres y distribuirles más abundantes limosnas, dándoles todo aquello de que uno prescinde. Es lo que hacen los buenos cristianos: entregar a los pobres el beneficio íntegro del ayuno.

04 Vida (22)Deseo, carísimos hermanos, que hagáis algo parecido. Ofreced para ello a Dios y con el fin de obtener la conversión de los pecadores y de los infieles, la santificación de los niños de nuestras escuelas y el alivio de las almas del purgatorio todos los actos de virtud que vais a practicar con la modestia, la observancia del silencio y el santo vigor que necesitáis para combatir defectos y pasiones, para orar debidamente y practicar las virtudes de nuestro santo estado. Tal ofrecimiento y entrega serán una obra muy agradable a Dios, utilísima al prójimo y mucho más meritoria para vosotros mismos que el privaros de un zoquete para dárselo a los pobres.

Vamos a ver, hermanos:

¿Estáis conformes con el ayuno que os propongo? ¿Satisface vuestra devoción y amor a la penitencia?

El padre se detuvo aquí un momento, como quien espera una contestación. Los hermanos jóvenes, que le habían escuchado con atención, aunque un poco defraudados en su piadoso anhelo, ligeramente cabizbajos pero sonrientes, parecían decir:

Sí, padre, estamos satisfechos y cumpliremos exactamente lo que acaba de aconsejarnos.

EI venerado padre agregó:

Para que veáis el interés que tengo en animar a cuantos gustan de la penitencia y mortificación, y manifestaros lo edificado y satisfecho que estoy de vuestra docilidad, os autorizo la práctica del ayuno corporal ordinario todos los viernes de cuaresma, en honra de la pasión de nuestro Señor Jesucristo.