Fiesta de la Asunción de María

En la tradición marista celebramos la gran fiesta de nuestra Buena Madre como patronal del Instituto. Es la pascua de María. La contemplamos dando el definitivo ante la presencia amorosa del Padre, prolongación de la bendición del Altísimo en su Inmaculada Concepción y que encuentra sentido en su fiat ante el ángel cuando es llamada a ser la Madre de Dios.

Lo que contemplamos en María esperamos de la humanidad redimida. María es inmaculada, esperamos en la humanidad los gestos de pureza de corazón que se ven reflejados en la honestidad, la sencillez de vida, la modestia en la acción y la humildad del corazón. María es siempre virgen, esperamos en la humanidad la pertenencia total al plan de Dios en la justicia, la paz, la solidaridad y la alegría. María fue asunta al cielo en cuerpo y alma, esperamos en la humanidad el gran gozo de una vida que se nutre de la contemplación del amor de quién es el Amor mismo.

Esta fiesta nos invita a caminar en la fe, la esperanza y el amor, juntos, como Iglesia, como testigos de la resurrección, como hijos en el Hijo.

Que María, nuestra buena y tierna madre nos santifique, nos multiplique y nos acompañe en la peregrinación hacia el regazo del Padre.

Todo a Jesús por María.

Equipo de ConVocación Marista


El mural central en la capilla del San Javier


IMG_3889Para todos los visitantes de la actual Casa Marista de Encuentros del Instituto Queretano – San Javier son siempre de gran admiración los enormes murales de la capilla, obra del artista Pablo Hernández (+). La doxología del mural central nos habla del misterio de la Eucaristía, donde hacemos todo por Cristo, con él y en él, para el Padre, en el Espíritu Santo.

Te presentamos tan sólo algunas reflexiones sobre el mural central. El arte religioso es alabanza y catequesis, contemplación y confrontación. Cuando lo visites pregúntate: ¿A qué me invita esta obra de arte? ¿Qué mensaje profundo tiene para mi vida?

IMG_3916Este mural tiene gran movimiento y una serie de personajes que es importante tomar en cuenta. Están representados el cielo y la tierra. Los jóvenes y los viejos, hombres y mujeres.

En el centro, la Sagrada Familia dispuesta en forma muy particular. Habitualmente la encontramos con Jesús en medio de sus padres. En este caso, María reposa y abraza a Jesús, y San José, a su vez, respalda a María, la protege, abraza, la ama. Los tres miran hacia el mural del Padre. Jesús señala quién es el fin de su anuncio: El Reino de Abbá (Lc 15, 11-32).IMG_3922

Diferentes tipos de jóvenes están presentes. El deportista, el formal, el de las ideologías. Unos miran a Jesús, otros sólo están.

Los reinos de la tierra se postran ante la presencia de Cristo. El reino vegetal (hombre verde), el reino anima (humano) y el reino mineral (hombre de cristal). Por el otro lado el cielo hace lo propio con los ángeles que alaban al Hijo y se postran ante su presencia.

IMG_3919Hay dos jóvenes que no miran a Jesús. Uno por una parte está invitando a todo el que admira el mural a ir hacia el joven Jesús, que se reconoce Hijo de Dios pero que sigue creciendo en estatura y gracia ante Dios y ante los hombres y obedece a sus padres (Lc 2, 52). Su mirada firme y su brazo extendido es un llamado vocacional para todo aquel que quiera seguir al hijo de María.

A IMG_3920su lado, un joven, hincado, hace referencia a todas las ideologías. Es un joven misterioso. ¿Qué nos quiere decir este joven hoy? ¿Significa que ante Jesús ninguna otra corriente de pensamiento es válida? ¿O más bien que todas se rinden ante quien es la fuente de la sabiduría? Tiene un cincel porque el pensamiento humano sigue su marcha. Siempre habrá quien cuestione, dialogue, discuta, sostenga, corrompa o simplemente esté. Son las búsquedas de la verdad que como Poncio Pilato pregunta ¿qué es la verdad? (Jn 18, 38) teniendo enfrente a quien es el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14, 6).

Finalmente, mencionaremos a un tercer joven más. Este abre sus brazos aceptando a Jesús sin condiciones, simplemente lo contempla y se pone a su disposición. Los otros buscan, observan, oran, se postran. Éste está disponible a lo que Jesús le pida. Éste acepta el reto. Éste quiere ir hacia Jesús. IMG_3917

¿Cuál de estos jóvenes eres tú? ¿Cómo te sitúas actualmente ante Jesús y su mensaje retador? ¿Estás dispuesto o dispuesta a decirle como el joven profeta: Heme aquí, Señor, que su siervo escucha (1 Sam 3, 10)?


Sagrados Corazones


La espiritualidad en la que fue formado San Marcelino Champagnat promovía la contemplación de un hermoso misterio que, a su vez, nos invita a contemplar nuestra propia humanidad. Los Sagrados Corazones de Jesús y de María laten al ritmo de la voluntad del Padre. Hoy día sabemos que de los primeros sonidos que escucha el ser humano en el vientre materno son los latidos del corazón de su madre, dando el ritmo de la vida y el desarrollo del feto. En cada latido del corazón de María, Jesús conocía los gozos y los retos de la humanidad que estaba siendo ya redimida desde el vientre de nuestra Señora.

Te invitamos a leer, meditar y reflexionar sobre el artículo presentado en esta entrega. Transcribimos íntegramente un escrito de Mariano Varona, de quien podemos afirmar que el ritmo de su corazón es un ritmo marista.


LA UNIDAD JESÚS – MARÍA

Tomado de VARONA, M. (1988) Jesucristo en la Espirutalidad y Escritos de M. J. B. Champagnat. Tesina Universidad Gregoriana: Roma.

Nota: Los números entre paréntesis corresponden al número de carta de Champagnat en la clasificación de Paul Sester.

Este es uno de los temas cristológicos más recurrentes en las cartas de Marcelino, llama la atención la cantidad de veces que asocia estos dos nombres. Entre las principales expresiones con las que se refiere al tema encontramos:

“Estar en las manos de Jesús y María”

Manifiesta su actitud de confianza y abandono. Jesús y María serán su recurso habitual en los momentos de dificultad, incomprensión y desolación. La confianza en su apoyo y protección lo mantendrán sereno en momentos de prueba.

La carta escrita a Mons. de Pins en 1827, cuando la Congregación pasa por momentos difíciles, es una clara muestra de esta actitud:

“Jesús y María: en ellos confío, a pesar de estos tiempos de perversión” “Jesús y María serán siempre el firme apoyo de mi confianza” (6)

Lo mismo en las carta que escribe once años más tarde al Hno. Francisco para notificarle sobre los trámites para obtener la aprobación de la Congregación.

Sigue siendo muy cierto que estamos en las manos de Jesús y María. Récenles mis queridos hermanos, que se cumpla la santa voluntad de Dios y tratemos de no querer, sino lo que Dios quiere”(195)

“sigo teniendo gran confianza en Jesús y María. No dudo que lo conseguiremos, pero desconozco el momento. Lo que importa por encima de todo, es no hacer por nuestra parte sino lo que Dios quiere que hagamos” (197)

Son expresiones que revelan una actitud filial del abandono del pobre que no confía en sus propios medios, sino en la gracia de Dios. A Champagnat sólo le preocupa una cosa: el cumplimiento de la voluntad de Dios. No importa el cómo. Esta actitud es, a la vez, enseñanza para sus hermanos.

Al escribir al Hno. Marie Laurent le anima a sobrellevar sus pruebas confiándose en Jesús y María, su suerte no puede estar en mejor lugar que en el altar y en los brazos de la Madre:

Desde que la recibí no subo nunca al Santo Altar sin encomendarlo a Aquel en quien no se espera en vano, que puede hacernos remontar los mayores obstáculos. No desconfíe nunca de su salvación: está en buenas manos: María; ¿no es María su refugio y su buena Madre? Cuanto mayores son sus necesidades, más interesada está ella en correr a su ayuda”

La salvación no es obra de los hombres ni depende de su esfuerzo. María es Buena Madre que entrega a Cristo. Su función maternal sigue en los cristianos. Las necesidades del hijo mueven la compasión y la ayuda de la Madre.

“Jesús y María, el único tesoro”

En la experiencia de Champagnat, la confianza y el abandono en Jesús y María se fundamentan en la certeza de saber que ellos son la razón de ser de su propia vida y vocación.

Reconocer a Jesús (y María) como el único tesoro y recompensa es calar en el corazón mismo de la Vida Religiosa, en su cristocentrismo: Jesús es el sentido último de la consagración.

En la circular que escribe a los hermanos con motivo de las vacaciones de 1833 les dice:

“Deseo que Jesús y María sean siempre su único tesoro. Si en el camino de la perfección hacen tantos progresos como yo deseo, adelantarán mucho” (29)

Los progresos que realizaran en el camino de la perfección estarían en directa relación con el proceso de desprendimiento que permitirían enriquecerse con Jesús y María. Marcelino experimenta con crudeza la realidad de la cruz y aprende que para conseguir el tesoro es necesario venderlo todo y que para llegar a la intimidad con Jesús y María es necesaria la muerte de sí mismo. Por eso intenta que la virtud de sus hermanos se cimiente en principios evangélicos sólidos.

En 1837 escribe al Hno. Euthyme:

“Tenga ánimo, querido hermano, Jesús y María serán su recompensa; en las tentaciones llámelos en su ayuda, nunca permitirán que sucumba” (102)

Los hermanos percibían en la práctica cotidiana que el Instituto no poseía muchos bienes y propiedades, ni eran ricos en recursos humanos. Sin embargo, percibían también que la confianza y la seguridad eran depositadas en la posesión de Jesús y María. Así lo manifiesta Marcelino a Mons. Pompallier, en 1837:

“María, sí, sólo María es nuestra prosperidad, sin María no somos nada y con María lo tenemos todo, porque María tiene siempre a su adorable hijo o en sus brazos o en su corazón” (194)

 “Con Jesús y María siempre”

 Son varias las cartas que expresan el siguiente deseo: “¡Qué Jesús y María estén siempre con usted!”(24)

En la mentalidad de Champagnat, este deseo es lo mejor que puede ofrecer. Tener a Jesús y a María es tenerlo todo. A través de esta sencilla expresión confidencia a los hermanos el eje principal de su experiencia espiritual: la totalidad y la exclusividad de Dios en la propia vida, mediada por Jesús y María.

En Jesús y María se declara padre de los hermanos:

“les aseguro que seré siempre con sumo gusto su afectísimo padre en Jesús y María” (1)

“Tengo el honor de ser su afectísimo padre en Jesús y María” (14)

Les manifiesta su amor:

Diga muy querido amigo, diga a sus queridos colaboradores cuánto los aprecio, cuanto los amo en Jesús y María” (63)

“En unión con Jesús y María y en dulce desahogo de mi corazón les quiero decir, mis carísimos hermanos, cuánto los amo” (210)

Les entrega la Regla:

“Les ruego reciban esta Regla, que anhelan desde hace tanto tiempo, en los dulces nombres de Jesús y María” (89)

Da gracias por cuanto le sucede:

“He hecho el camino sin haber sufrido, como me temía, los dolores que experimento de ordinario, gracias sean dadas a Jesús y María” (67)

Ellos son su modelo, su refugio, su guía y su apoyo, su fuerza y su todo.

Dos lugares privilegiados: los Sagrados Corazones de Jesús y María

Una variante del tema Jesús María es la referencia a sus Sagrados Corazones. Champagnat vive en un momento de la historia, el Romanticismo, donde los aspectos afectivos de la religiosidad son especialmente considerados, y un período de la Iglesia donde la devoción al Sagrado Corazón de Jesús está en alza. El corazón es el simbolismo a través del cual se manifiesta la persona misma, su alma, su interior, el conjunto de sus sentimientos.

San Juan Eudes (1601- 1680) fue quien primero acuñó la idea de unir los Corazones de Jesús y María. Hablaba de un sólo corazón para dos personas: el Corazón de Jesús y María. Según su doctrina, el corazón de Jesús es el corazón de María: Cristo vive y reina plenamente en ella y María vive de la vida de Jesús. Cristo es el corazón del corazón de su Madre, lo más íntimo de ella y la razón de su vida.

Champagnat, hombre dotado de gran riqueza afectiva y con fuerte sentido práctico, simplifica la expresión y la adapta a la vida sencilla de los hermanos. Para él también ambos corazones deben ir unidos, ya que no entiende a María sino con Jesús en los brazos o en el corazón.

Habitualmente ocupa la fórmula de despedida “los dejo en los Sagrados Corazones de Jesús y de María” dando una connotación de abandono filial, de confianza, de seguridad, de protección y cuidado.

Participa, asimismo, de la intuición eudista de los SSCC como lugar de contemplación.

En dos cartas sugiere esta pasividad contemplativa con una formulación muy sencilla:

“Los dejo a los dos en los Sagrados Corazones de Jesús y de María, ¡ya ve qué buenos lugares!”(19)

“Los dejo a todos en los Sagrados Corazones de Jesús y de María, ¡qué buenos lugares, se está bien!”(49)

Las cartas, a través de esta evocación de los SSCC, ayudan a descubrir líneas fuerza de la espiritualidad de Champagnat: sencillez como actitud filial, abandono en Jesús y María, confianza como actitud básica de relación espiritual.

La fórmula SSCC tiene diferentes matices y variaciones según los destinatarios y los estados afectivos de Marcelino:

“Un abrazo en los Sagrados Corazones de Jesús y María donde los dejo” (24) al Hno. Bartolomé.

“Tengo el honor de ser todo suyo en los Sagrados Corazones de Jesús y de María” (70) al Sr. Douillet.

“A Dios mi querido amigo, ya sabe que los quiero a todos en los Sagrados Corazones” (204) al Hno. Víctor.

“Todo suyo en los Sagrados Corazones de Jesús y María. Tengo el honor de ser su afectísimo servidor” (174) al Hno. Francisco.

Los SSCC son, finalmente, el lugar ideal para entablar el diálogo y llegar a una comunión total. Así se los manifiesta a Mons. Benigne du Trousset d’ Hericourt, obispo de Autun:

“Le ruego, Monseñor, se sirva fijar el momento y el lugar de nuestra entrevista para que podamos arreglarlo todo y que, a partir de ahora, la Sociedad de María y Su Excelencia no tengan más que un solo corazón y un mismo espíritu en los Sagrados Corazones de Jesús y de María” (268).